Sergio 'Maravilla' Martínez y los golpes que nunca se fueron

Algo tienen los boxeadores que se convierten en indescifrables para el resto de los mortales. La mirada, el orgullo, el corazón, la actitud. Por mucho que se les estudie y por mucho que hablen nunca se llega a entender del todo por qué suben a ese cuadrilátero. Sergio Martínez, argentino hasta la médula pero español de adopción, mantiene ese halo de misterio. En su vuelta al boxeo emprende un viaje pare disfrutar pero con el mismo objetivo de siempre: volver a ser el rey del mundo.

El contestador salta y los dos primeros intentos de llamada se desvanecen. Un mensaje de voz entra en el teléfono: “Perdóname, se me amontonaron las llamadas. Acá estoy, maestro”. Un enchufe conectándose a la clavija acompaña, de fondo, al inconfundible acento argentino. Una nueva llamada, esta vez con respuesta inmediata. Se presenta, como si hiciera falta.

Sergio Martínez nació en Quilmes (Argentina) en 1975. El mediano de tres hermanos tardó veinte años en seguir la tradición familiar y subirse al ring. “Los boxeadores venimos de estratos sociales muy bajos y estamos arraigados a la marginalidad”, confiesa el ganador de cinco títulos mundiales. Entre el debut y los títulos, un apodo que le acompañará toda la vida: ‘Maravilla’. Sin necesidades económicas, seis años después de su derrota ante Miguel Cotto, el quilmeño volvía en 2020 a pelear. Para 2021, un solo objetivo: conseguir un nuevo reinado mundial. 

¿Por qué vuelve Sergio Martínez?

Qué pregunta, ¿no? Voy a tratar de ser lo más sintético posible siendo que soy argentino. Primero, porque es un desafío fantástico. Regresé al boxeo con 43 años en 2018, hace dos años y medio. Y ya con 43 años me parecía una verdadera aventura, intentar volver al boxeo y hacer un combate de verdad, donde los golpes duelen y hay un resultado.

Todo se fue alargando, pero mi sueño de regresar al boxeo no se diluyó, sino que además me propuse ganarme la chance mundialista otra vez. Apareció esa oportunidad de hacer el mundial y entre todo eso gente a la que quiero mucho, que me quiere mucho, a la que tengo cerca, me dijo: no vas a poder. Y ya está. No digas más nada. Me dijeron: te apoyo porque no vas a poder. Fue lo que necesitaba para encender la mecha.

El regreso de 'Maravilla' iba a ser con Julio César Chávez Jr, pero el mexicano no aceptó. | Imagen: Pinterest

Volver es un proceso que hay que pensar. No es algo de un día.

Claro. Es como construir un edificio, hay que empezar por la base, no se puede empezar por la mitad o el final. Hay que empezar de cero otra vez. Tanto para la preparación física como para la mental como para negociar un combate o negociar con uno mismo el conseguir el título mundial.

Tengo que saber, lo primero, que no puedo subir al ring seis años después en el mismo nivel en el que me fui. Conviene saber en qué condiciones me encuentro. Por eso buscamos un rival como Fandiño, después un rival como Koivula… Y ahora vamos a buscar un rival con muchísimo más nivel. 

No se fue muy contento en aquella retirada con Cotto en el Madison.

Para nada. Nadie quiere retirarse con una derrota. Pero me pasaba a mí que vivía una etapa… Diecinueve años. ¡Vaya etapa!

Vivía la carrera y es una carrera vertiginosa. Por momentos no sabía lo que ocurría a mi alrededor y no me enteraba de nada. Solo miraba a los objetivos y a los títulos mundiales que quería. Quería ganar un cinturón, después quería dos, después quería tres… Los fui ganando hasta que conseguí nueve cinturones. (Sergio Martínez es Campeón Mundial de Peso Medio de The Ring Magazine, de WBC y WBO; y Campeón Mundial Superwelter de WBC e IBO, además de tener otros cuatro cinturones menores)

El fin de una carrera y el inicio de un nuevo camino

Su combate en el Madison Square Garden acabó de mala manera y su carrera se terminó. Con ese final llegaba, también, el cambio en el ritmo de vida de Sergio. “¿Si me preguntas qué viví antes de cada cinturón o de cada combate mundialista? Yo no me acuerdo. No llegué a apreciar ni a vivir lo que era una preparación como lo estoy viviendo hoy”, comenta el púgil sobre su primera etapa entre las doce cuerdas. En este reinicio, ‘Maravilla’ sonríe en cada entrenamiento y de todo lo que su nuevo equipo le ofrece.

Cambió el vértigo de la vida del campeón por la tranquilidad de una persona de a pie. Modificó sus rutinas y se deshizo de “un entorno muy tóxico, donde mi grupo se había quebrado. No era un grupo, era un equipo”. Solo había una cosa obligatoria en la vuelta: disfrutar

¿Lo importante ahora es el camino?

Claro, claro. El día a día. Me di cuenta. Tengo la experiencia suficiente para darme cuenta de dónde está lo importante. Pensaba que era el objetivo y no, ni siquiera es el camino. Lo importante es la compañía que tengo para recorrer ese camino. Y tengo una compañía que es maravillosa.

Usted gana los combates y repasa a todo su cuerpo técnico. ¿Cómo conoce a Tinín Rodríguez, su entrenador?

Siempre me acuerdo del equipo porque son la parte que me falta a mí. Es maravilloso lo que todo el equipo cumple y me acuerdo de todos porque lo merecen. 

Con Tinín nos conocemos desde hace años. Estaba retirado y no pensaba, ni por asomo, volver al boxeo. Hablábamos, nos reíamos y pasábamos el rato. Nada más. Un día me senté a hablar de boxeo con él y me gustó mucho la forma de entenderlo y analizarlo que tiene. Y me dije que si algún día volvía, iba a trabajar con este loco.

Su minuto entre asaltos alucina. Casi todos los entrenadores gritan y animan. Ustedes hablan como dos amigos.

Sí, nos entendemos bien. Comprendemos la visión del otro. Él comprende como veo yo el boxeo y yo acato porque me parece fantástico. También le doy palabras de tranquilidad, le mantengo tranquilo, le digo que está todo controlado. Tengo ya 25 años estando arriba del ring. Y eso tiene que pesar. Y él se da cuenta de que tengo una experiencia amplia. No digo que sea bueno ni malo, pero hay que saber sacarle el lado positivo.

¿Qué necesita Sergio Martínez en ese minuto?

La tranquilidad que me transmite Tinín y el panorama. Que me den la visión general, como se ve desde fuera. Porque desde dentro yo lo veo bastante bien. Y es justo lo que me brinda Tinín. Diez puntos no, once porque tiene una visión muy buena. Me gusta como lo ve.

Fandiño y Koivula: los dos primeros pasos

“En el tiempo de los retornos, Sergio ‘Maravilla’ Martínez”. Así anunciaba el narrador para Latinoamérica el camino hacia el ring del púgil de 45 años. Seis después de abandonar el cuadrilátero, las pulsaciones se mantenían en su sitio. “Durante toda la semana estoy metido en el combate. Es la semana de mayor tranquilidad, cuando más horas duermo, cuando mejor funciona mi cuerpo. Encuentro el equilibro. El último día es la guinda”. Su vuelta, en Torrelavega, estuvo marcada por la búsqueda de rodaje y por encontrar las sensaciones lo antes posible: “Fandiño no es como Cotto o Chávez Jr, pero después de seis años cualquier golpe podía ser el último del combate”.

Miguel Fandiño, su oponente en aquella noche de agosto, es un potente boxeador español que nunca había peleado con un rival de tal envergadura histórica. “Tiene la mano pesada. Me metió un tortazo en el quinto y traté de disimularlo. ¡Lo que me llegó a doler!”, confiesa Martínez, que venció con comodidad en el séptimo por KO técnico, después de una de sus especialidades: los golpes al cuerpo.  

Cuenta que para buscar un segundo combate, antes de que aparezca Koivula, hay boxeadores que le rechazan. Luchadores que piensan que está usted mejor de lo que esperaban.

Fue difícil encontrar a un rival. De hecho Koivula fue el único. Apareció de chiripa. Imagínate llegar hasta Finlandia y que diga el finlandés que sí es porque acá abajo, en Francia, Italia o España, habían escrito correos y luego ninguno quiso. Pero eso habla bien de mi evolución y del trabajo. Es importante saber que hay gente que ya no quiere combatir. Quiere decir que ya he subido un escaloncito chiquito.

¿El nombre de Maravilla Martínez intimida tanto?

La verdad es que no lo sé. A mí me motivaría. Me encantaría pelear con un campeón mundial. Aunque me lleve una paliza. Podría presumir de, no sé, haber peleado contra Mayweather, que es de otra galaxia. Me pega desde que empieza hasta que termina, todo lo que quiere y más. Lo que está escrito en la Biblia y lo que no, también. Pero podría mirarme al espejo un día y decir que he tenido la oportunidad o la iluminación de haber peleado con él. Me pasó con Cotto: me pegó una paliza, pero peleé con un tipo que fue campeón mundial en cuatro categorías.

Lo destacan todos los analistas. Parecía que no la iba a hacer pero su característica guardia baja, que es una defensa arriesgada, sigue estando.

Yo creía que había cambiado eso. Al final la cabra tira al monte. Es lo natural. Es innato en mí. Es algo que me ayuda a la táctica. Pero pensé que lo había dejado porque en los últimos dos años de trabajo había hablado de subir mucho la guardia y de haber comenzado a trabajar en una distancia más corta que la trabajaba antes. Quizá me siento cómodo o quizá veinte años boxeando de una manera no se pueden dar vuelta en dos años.

'Maravilla' Martínez noqueó a Fandiño en su vuelta al ring. | Imagen: Buenaventura En Línea

¿Se parece en algo más al Sergio Martínez joven?

Uf, prácticamente en nada. Sigo siendo la misma persona, pero porque estoy en constante en cambio. Es mi evolución, lo siento así. No era consciente del potencial que tenía.

Uno sabe de eso cuando tiene cuarenta y pico. Hay una frase de Bonavena: “La experiencia te regala un peine cuando estás calvo”. Y es así, tal cual. Hoy en día veo y alucino con la potencia que tuve. Pero nos pasa a todos los cuarentones, no pasa nada. Lo asumo y sé que el que tuvo retuvo. Me encanta porque estoy en una búsqueda constante por saber hasta dónde puedo llegar y cuál es el potencial que encierra mi cuerpo con 45 años. En un mes cumplo 46. Madre mía… Pero está buenísimo saber cuál es el tope de mi cuerpo, de mi mente, de mi yo boxeador.

¿Qué le diría a su yo boxeador debutante en Argentina?

Le recomendaría la vida de boxeador. Totalmente. Es una vida muy dura y difícil. Pero lo que es duro y difícil es lo que te da la evolución. Como mi propia naturaleza es competitiva y sé que está asegurado el progreso. Tengo la certeza de haber progresado como boxeador y como ser humano, por la vida que tomé y por el boxeo.

Cuando fui campeón, y lo fui durante varios años, viví una cantidad de cosas que la gran mayoría de los seres humanos no tienen ni idea. Lo que es vivir a ese ritmo y en esa cantidad de vidas juntas. Me encanta, es brutal.

Un boxeador fuera de lo normal

Sergio recuerda con cariño todo los éxitos conseguidos y todo lo aprendido en su dilatada carrera. Sin embargo, poco se parece al típico boxeador ostentoso y rodeado de lujo. “¿Que tienes un poco más de dinero? Pero si te vuelves loco te puedes estampar y la vida te pasa por encima”, confiesa y admite que mantener los pies en la tierra ha sido clave toda su vida.

Tan cerca se mantiene que entrena en el mismo gimnasio que muchos jóvenes aprendices que sueñan con subirse a los mismos cuadriláteros que él dominó durante más de una década. “Me dicen: eres una leyenda. ¡No jodas! Me falta envejecer más para ser una leyenda”

Pero aunque las costumbres de campeón hayan quedado atrás y lo que más valore sea su grupo cercano –“El primer imprescindible soy yo. Luego mi novia y un grupito muy reducido”– hay un compañero que no se ha separado de él desde que debutase en su Argentina natal.

“Vuelvo por el ego y por el orgullo”. Eso decía cuando le preguntaban por su regreso.

Es que hay algo de ego. Yo necesitaba juntar a mi grupito de gente, a los que tengo cerca, y decirles lo que iba a hacer. Primero que iba a volver, y a los meses que quería volver a ser campeón del mundo. Necesitaba saber quién estaba de mi lado y quién no. No que estuvieran en mi contra, pero sí saber quién no iba a seguirme, porque también le honra decirlo. Y hubo algunos que me dijeron: yo te apoyo, pero porque sé que no vas a poder, no vas a tener el valor, te va a doler algo, te vas a cansar… Ahí me tocaron el orgullo y quise que se dieran cuenta de lo que soy capaz.

Lo del ego es porque todos lo tenemos. Algunos tenemos más o menos domesticado. Quizá es el amigo o enemigo más difícil de controlar.

¿Un boxeador necesita tener ego?

Por supuesto. Muchísimo. Y si querés ser campeón, necesitas que tu ego sea arrollador. Es buenísimo tener un ego enorme y saber domesticarlo. Ahí está el desafío.

Un 'Maravilla' desconocido y el amor por su deporte

En 2021 y rumbo a su sexta corona mundial, Sergio Martínez es sinónimo de éxito. En la élite de su deporte y reconocido actor, humorista o empresario, la vida del argentino distaba mucho de su apodo hace diecinueve años, cuando llegaba a España por primera vez. 

Inmigrante ilegal durante casi una década, compaginó trabajos de todo tipo para conseguir su oportunidad de dedicarse al pugilato profesionalmente. Una realidad olvidada por muchos aficionados. “La gente acá no tiene esa visión. Y en Argentina no tiene ni la más remota idea. Creen que cuando llegas aquí ya está, porque ganas en euros. Pero es que también gastas en euros”. 

(…)

Te dicen que llegas aquí y estás como dios. Amigo, no sabes lo difícil que es.

Un joven Sergio Martínez posacon su cinturón de campeón mundial. | Imagen: @maravillabox

¿Cómo lo logró?

Yo quería ganar todo lo que gané. Incluso gané mucho más de lo que me propuse. Quería ganar un cinturón, gané nueve. Pero para lograr eso, saliendo de donde salí, el recorrido es espectacular. Y lo que cuesta es horroroso, y lo que duele es muchísimo. La incertidumbre de no saber si vas a llegar es tremendo. Es muy difícil de convivir con ello. Cuando pasan quince o veinte años, miras a esa incertidumbre y te das cuenta de que gracias a ella trabajé, evolucioné. Gracias a ella viene la mejora.

¿Qué tiene el boxeo?

Lo que más destaco yo es que todos los combates terminan de la misma manera: con un abrazo. Estuvieron dándose una tunda tremenda y lo que se busca es destruir a la otra persona. En realidad se construye un triunfo, no se destruye a nadie. Yo no subo para destruir a mi rival. Sí, el fin es ese, si lo ves desde lejos.

Sí, hay que destruir al rival. ¿Pero cómo se le destruye? Construyamos el triunfo. Ahí está la nobleza. En el poder tomar el boxeo como lo que es: un deporte de gente noble.

¿Duele más un puñetazo de un campeón mundial o todo lo que tuvo que hacer para asentar su vida?

Lo del boxeo es lo de menos. El boxeo es liviano en comparación con lo que vive uno. El boxeo es solo boxeo. No pasa nada. Son puñetazos, no es otra cosa que puñetazos. Más o menos cantidad, más o menos potentes. Pero no tiene nada que ver con lo que pasa en la vida. La vida es infinitamente más dura y pesada.

Cuando entré en la universidad me dijeron que los tres vicios que siempre acompañan al periodista son el café, el tabaco y el alcohol. El primero me sienta mal, el segundo me llevaría pronto a la muerte y del tercero mejor no hablar.

Sigo creyendo que el periodismo es el oficio más hermoso del mundo.