Ruth Beitia, un salto más allá del deporte

En la sociedad actual, deportista y político son casi antónimos. Unos son los héroes, capaces de hacer feliz a la gente con sus éxitos; otros, los villanos, cuyo mayor éxito es que la gente no hable de ellos. Por eso, ambas figuras no suelen mezclarse. La mayoría de los deportistas no opinan de política públicamente. Los que lo hacen, suelen estar retirados, cuando ya no importa tanto en qué lío meterse. Ruth Beitia no solo fue capaz de compaginar su carrera deportiva y su carrera política, sino que ganó diez de sus dieciséis medallas en competiciones internacionales, incluyendo un oro olímpico, siendo diputada del Parlamento de Cantabria.

Cuando uno va a entrevistar a Ruth Beitia, se sumerge en una piscina olímpica (y nunca mejor dicho) de pensamientos: se acuerda de las imágenes de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, piensa en el metro noventa y siete que valió un oro, se pregunta cómo un ser humano puede llegar a superar esa altura y, sobre todo, cómo alguien acaba dedicándose a una disciplina tan específica. Es entonces cuando aparece la pregunta más importante: ¿soy el indicado para hacer esta entrevista? Pero todo eso se olvida al pulsar el botón verde. Cuatro segundos de silencio son interrumpidos por un pitido. Otros cuatro segundos y otra interrupción, pero, esta vez, sin pitido. Ruth Beitia, con tono amable y cariñoso, contesta para sentarse en nuestra grada.

De familia atleta y numerosa –ella es la menor de cinco hermanos–, la santanderina dispuso del deporte como base de su educación y casi como estilo de vida: “Prácticamente me crie en una pista de atletismo con mis padres y mis hermanos. Los fines de semana, nuestra parte de conciliación familiar era hacer deporte todos juntos”. A los seis años, empezó como corredora de fondo y cross. A los once, el que iba a ser su entrenador hasta su retirada, Ramón Torralbo, la introdujo en el mundo del salto de altura. “Fui practicando todas las disciplinas del atletismo y al final donde más destaqué fue en salto de altura. Así que yo no elegí salto de altura, fue el salto de altura el que me eligió a mí”.

¿Cuál es el primer recuerdo que se le viene a la mente al pensar en el atletismo?

Yo creo que ver correr y saltar a mis hermanos. La pista de atletismo era mi terreno de juegos, mi parque particular. Jugar en las colchonetas, en el salto de longitud jugar con la arena… Se convertía en un parque infantil para mí.

¿Qué es lo que más echa de menos de su etapa competitiva?

Viajar. El deporte me ha dado mucho más de lo que yo le he podido dar yo. Me ha dado la oportunidad de saltar en los cinco continentes, de conocer distintas culturas, religiones, distintas formas de comer… Es genial. Y también la vidilla esa que te da la competición, esas maripositas. Pero bueno, me retiré con 38 y con la sensación de que el deporte había sido muy generoso conmigo a nivel de edad; un saltador de altura, de normal, se retira a los 30 años más o menos.

No sé si la gente que la tiene como influencia estará de acuerdo en que el deporte le ha dado más a usted de lo que usted le ha dado a él.

Es mi parecer. Lo que opinan las personas me encanta y lo respeto, pero esta es mi entrevista (Se ríe). Si algo me ha enseñado también mi familia es que, ante todo, lo que tiene que quedar es la persona. Solo me dejaban despegar los pies del suelo cuando iba a saltar, en lo demás, bien anclados al suelo; ser una persona normal y corriente. Soy una persona muy agradecida a toda la vida que he tenido.

La figura mediática de Ruth Beitia

Además de las dieciséis medallas entre mundiales, europeos y Juegos Olímpicos, la cántabra es la primera atleta española en conseguir dos medallas olímpicas y una de oro. También es dos veces campeona de la Diamond League, medalla de oro a la Real Orden del Mérito Deportivo y Premio Nacional de Deporte. Un palmarés que no se corresponde con su repercusión mediática.

Sin embargo, al ser preguntada por si se siente valorada, responde un “por supuesto” que no da lugar a dudas. “Yo creo que nadie es profeta en su tierra, pero en mi tierra me siento muy querida y ahora mismo me muevo en ambientes totalmente deportivos”. Actualmente, trabaja en la Federación Española de Atletismo, da clases de atletismo en la Universidad Europea del Atlántico y tiene un club de atletismo llamado GO fit Athletics. “Hay gente que generacionalmente no ha vivido al cien por cien mi carrera deportiva y me admira. Entonces, para mí, poder seguir estando ahí es un verdadero privilegio”.

Y cuando ganaba un campeonato internacional, miraba el periódico y veía que no aparecía en la portada o que aparecía en una esquina, ¿no se sentía infravalorada?

Te voy a replantear la respuesta para hacerte pensar. Yo fui la primera mujer portada de Marca. Fue por ganar una medalla de oro en el europeo. La semana siguiente fue campeona de Europa Mireia Belmonte, y la siguiente Carolina Marín. Las tres abrimos portada los tres fines de semana, fue súper chulo. Me siento como una abanderada, he tenido la oportunidad de ser portada en el diario de mayor tirada a nivel nacional.

Quizás debemos abanderar la desigualdad que existe en los deportes de equipo, donde las chicas están consiguiendo tanto o mejores resultados que los hombres y ahí sí que hay una brecha. Los deportes individuales se rigen más por la persona que por el deporte en sí. 

Me siento una privilegiada por la relación que he tenido con los medios de comunicación, nunca he negado una entrevista y siempre he sido consecuente con los resultados deportivos. Es más, muchas veces creo que he sido yo más dura que los medios de comunicación conmigo a nivel deportivo.

Portada de Marca del 18 de agosto del 2014. Imagen: Marca

Una atleta comprometida con la sociedad

Ruth Beitia es embajadora de varias organizaciones que apoyan, en su mayoría, a la gente con discapacidad. Un compromiso que ella explica como una “sensación de querer ayudar a las personas” al ser imagen de algo, en este caso, del deporte. Eso, y su ‘defecto’ de no saber decir que no. “Al final, soy una persona de una familia numerosa en la que todos nos ayudábamos a todos, una familia en la que ayudábamos a otra gente”.

“Creo que también forma parte de mi educación como persona y me siento una privilegiada por que las distintas asociaciones o fundaciones quieran contar conmigo. Siempre hay proyectos muy bonitos de los que me gusta formar parte y me gusta, sobre todo, poder prestar quizás lo más valioso que me ha quedado del deporte, que es mi imagen”.

Y es verdad que la imagen de un deportista de élite es valiosa, tanto, que sirve de ejemplo a mucha gente. Eso es quizás lo más difícil de manejar para un personaje público. Alguien que se ha convertido en un referente por su trabajo, en este caso el deporte, puede ganarse una imagen muy distinta por las cosas que hace al margen de él. Entonces, ¿dónde acaba la responsabilidad y dónde empieza la intimidad? “Debemos tener una responsabilidad respecto a nuestra imagen. Dicen que somos un reflejo para los niños y para la sociedad y así es, pero también tenemos vida y somos personas normales y corrientes, entonces abogo por que cada persona pueda hacer lo que quiera siempre que no haga daño o no sea una mala influencia”, opina la cántabra.

Colaboración con la Fundación Down21. Imagen: Twitter

Ruth Beitia fue propuesta para formar parte del Comité Ejecutivo Regional del Partido Popular en 2008, cuando era miembro del Consejo Rector Municipal de Deportes. En 2011 tomó posesión como diputada y fue designada secretaria primera de la Mesa del Parlamento de Cantabria. “Yo entré por el deporte”, asegura. El respaldo de su círculo cercano le dio el apoyo que necesitaba para levantar su carrera política. Ahora recuerda entre risas el consejo que le dio su familia: “Que la política no te corrompa”. En enero de 2019, días después de su presentación como candidata a la presidencia de Cantabria, anunció, de manera repentina, su abandono de la política.

Pocos deportistas profesionales suelen pronunciarse políticamente y casi ninguno ocupa un cargo. ¿Por qué adentrarse en algo tan arriesgado?

Para mí la política es un servicio público y creo que debemos dar el paso si realmente creemos en el proyecto. Yo vivo en una región muy pequeña como es Cantabria y creía en el proyecto, en este caso, del Partido Popular. Durante el tiempo que he sido diputada en Cantabria he tenido una muy buena relación con mis compañeros y con la oposición, pero, sobre todo, he tenido muy buena relación con las asociaciones y las áreas con las que trabajaba. Independientemente de cuál fuese el partido político al que representaba, casi todas las áreas que yo llevaba eran áreas de consenso.

(…)

No podemos tomar la política como una profesión; cuando ya no tienes nada que aportar, creo que la puerta siempre está abierta. Y se acabó. Nunca diré por qué me fui y tampoco le interesa nadie; es algo muy personal. Y creo que se acabó mi función como servicio público. Pero bueno, se puede hacer desde otra faceta. La política es muy bonita cuando está bien realizada y cuando la haces con honestidad y honradez.

¿Nunca le dio miedo que la asocien a un partido, con todas las connotaciones que eso conlleva?

He tenido la sensación de que, cuando entras en política, tienes que aprender a aguantar las críticas que hay hacia tu partido o hacia tu persona. Porque es así, es el rol al que juegan los medios de comunicación en la política en este país.

¿Miedo a las críticas? Nunca las he tenido. Ya te digo que tampoco las he tenido a nivel deportivo y que quizás la mayor crítica era yo conmigo misma. En política también intentaba hacer las cosas bien y así ha sido siempre. No tengo malos recuerdos de mi andadura en la política excepto un poquito al final, que fue un poco ingrato. Pero ya está; hasta ahí puedo leer.

Pero hacer las cosas bien, sobre todo en política, no quiere decir que la gente lo valore y lo respete.

Sí… Además, yo creo que la figura del político se ha distorsionado mucho. Antes un político era una persona relevante, la mirabas con un respeto especial. Ahora, por distintos errores o comportamientos, la visión que se tiene de los políticos no es la más acertada. Pero bueno, pasa también con los maestros, con los religiosos e incluso con los padres. Al final, personajes o personas a las que siempre se ha respetado, ahora se les ha perdido el respeto. Evidentemente también he de decir que hay muchísimos comportamientos que hacen perder esa confianza o esa autoridad que tienen los políticos.

La cumbre profesional y el salto a la política

El mérito de la atleta española no reside únicamente en emprender una carrera política, sino que puede presumir de haberlo hecho estando su carrera deportiva en activo. ¿Cómo lo hizo? Con la reducción de sesiones de entrenamiento, la experiencia de una carrera universitaria, la inestimable ayuda de su agenda y, sobre todo, teniendo “las cosas muy claras”.

“He tenido épocas de estar con dedicación parcial. He tenido épocas en las que me he quitado mi sueldo, porque comprendía que no podía estar al cien por cien. Estaba en dedicación parcial, pero siempre hacía más que esa dedicación parcial; iba todos los días al Parlamento y la única diligencia que me permitía era que, cuando me iba a entrenar, dejaba el móvil en el coche. Nunca dejé de lado mi trabajo, siempre lo compaginé y creo que a día de hoy nadie me puede reprocharme absolutamente nada, con lo cual me siento feliz”.

Presentación de Ruth Beitia como candidata a la presidencia de Cantabria. Imagen: Getty Images

¿Se imaginaba así el mundo de la política?

Sí y no. Mi trabajo era cómodo cuando teníamos mayoría absoluta; fue bastante liviano. Nunca dejé de ir a las distintas asociaciones y federaciones ni el trabajo con el deporte y la discapacidad. Sí es verdad que cuatro años después, cuando estuvimos en la oposición, era más complicado, porque ahí sí que había que trabajar más, había que llevar un control más exhaustivo al Gobierno. Todo el periodo que estuve, excepto unos días al final, me sentí muy cómoda y bien con el trabajo que estaba realizando.

¿Cumplió los objetivos por los que se metió en política?

(Piensa) Sí. A ver, hay una cosa que siempre digo en la vida: dentro de la fisioterapia, hoy en día, no me entero de nada. Es una carrera totalmente viva que ha evolucionado muchísimo y ahora hay distintas máquinas y tratamientos que no conozco; me tendría que volver a reciclar al cien por cien. Pero sí que aprendí lo que no debía hacer con un paciente: las contraindicaciones. Pues yo creo que en la política también aprendí lo que no quería hacer y distintas vivencias al final que, repito, no contaré ahora ni nunca por respeto a las personas que sufrieron a mi lado, creo que me hicieron ver lo que no quería hacer.

Ahora me siento muy feliz con mi vida, porque las veces que me he caído y las veces que me he levantado siempre me he levantado con la lección aprendida, con esta perseverancia especial de pararte a pensar dónde ha estado el error y seguir dando pasos hacia delante intentando subsanar ese error y continuar. En este caso, me ocurre lo mismo. Aprendí lo que no quería hacer o cómo quería que me tratasen o no quisiera yo tratar así a nadie nunca. Y fue el punto de inflexión para decir que nunca más. Y ya está.

Y en ese tramo final, ¿se sintió decepcionada?

Por supuesto. Pero ya está, no voy a decirte mucho más sobre esto.

Vale… Dado que ha conocido ambos mundos desde dentro, ¿se parecen en algo la política y el deporte?

Quiero pensar que sí. Quiero pensar que todos los valores que aprendí en el deporte; el espíritu de sacrificio, la perseverancia, saber ganar, saber perder, el esfuerzo; se podían transmitir perfectamente a los valores que deben ejercer en la política.

A veces no es tal como lo pintan, pero lo mismo ocurre en el deporte con distintas personas. Hay gente que llevamos todos nuestros valores al máximo exponente en el deporte y hay muchas personas que quizás sean física o competitivamente más hábiles que nosotros, pero por no tener esos valores del esfuerzo y sacrificio no llegan a conseguir el objetivo que desean por todo lo que requiere llegar a ese objetivo durante el camino. Y quizás en la política ocurre un poco lo mismo. Hay gente que tiene muchísimos valores y hay gente que se aprovecha de los valores de los otros.

¿Sabría decir qué es lo mejor y lo peor de la política y del deporte?

Lo mejor del deporte es hacer feliz a la gente, porque tú proyectas la felicidad. Yo sonreía en la última época de mi carrera, he sonreído tanto a la hora de saltar y me he sentido tan feliz… Para mí era una oportunidad cada vez que lo hacía y un regalazo el que me dio esa segunda oportunidad después de Londres. Y lo peor es haber conocido la cara más fea del deporte que es el dopaje y esperar a que me entreguen esa medalla de Londres que aún no está en mi poder. Tener la sensación de haber podido subir a un pódium y recibir lo más bonito que te puede ocurrir en el deporte que es el aplauso del público, el reconocimiento, ver ondear tu bandera, subir al cajón, colocarte la medalla… Perderme esos momentos y más cuando pensaba que era mi última oportunidad en Londres fue lo más feo.

Lo mejor de la política es ayudar al prójimo, que es lo que tiene que ser la política; creer que es un servicio público y que tienes que ayudar a la gente. Y lo peor, cuando piensas que es una profesión y te asientas a la poltrona con fuerza y da igual a quién te llevas por delante o cómo te lo lleves por delante mientras tú sigas manteniendo tu puesto.

¿Volvería a la política?

No. (Se ríe) Es todo lo que quiero decirte acerca de esto. Y al deporte tampoco. Ambas puertas se cerraron; una quedándose con mi pasión, que es el deporte, y la otra, con lo que no me quiero convertir.

Olímpico por tradición familiar, no por méritos propios, y enamorado del deporte (lástima que no sea recíproco). El creador me dio un ingenio que no suelo malgastar en cosas interesantes y una enfermedad por consultar el diccionario constantemente, por eso me gusta tanto escrivir.

Piensa que, después de esto, el nivel solo puede ir en aumento.