Luis Alegre, de Hollywood a Segunda División

Amigo de sus amigos. Luis Alegre es una de las pocas personas que pueden recibir este fúnebre cumplido con verdadero conocimiento de causa. De su madre aprehendió el amor por la gente y de su padre heredó la pasión por el arte, la literatura y el cine. Y una "enfermedad terminal", el Real Zaragoza, que le acompaña desde niño.

Son cerca de las diez y media de la mañana en la estación intermodal Delicias de Zaragoza. Con la ciudad cerrada a cal y canto por las restricciones para contener el virus, el tránsito de gente por el interior del lugar es mínimo. Con mascarilla higiénica -de las azules- y mochila al hombro, Luis Alegre camina con los andares propios de las personas curiosas que siempre tienen algo que contar. Un tanto perdido, porque nos busca, saluda a unos que no somos nosotros, que quedamos a su espalda. “Luis, ¡aquí!”. Ahora sí.

Escritor, cineasta, profesor de economía en la Universidad de Zaragoza… Luis Alegre se resiste a las etiquetas y se define como alguien que tiene la suerte de dedicar su vida a cosas que le gustan. Ha publicado libros como Cerca de Casa (2014, Xordica) o El Apartamento/Belle Epoque (1997) sobre los clásicos de Billy Wilder y Fernando Trueba. Entre otras producciones, codirigió con David Trueba el documental La silla de Fernando (2006), una conversación con el polivalente Fernando Fernán-Gómez.

Nos cita en la estación aunque no se marcha de viaje. Espera a alguien, y esta es una buena forma de aprovechar el tiempo. Con una voz cálida y una risa que se le escapa por las rendijas de la mascarilla, una vez empieza a conversar es todo un torrente de locuacidad. Habla mucho, pero dice más.

Paco Ortiz Remacha junto a Luis Alegre durante una entrevista. Imagen: Aragón Deporte

Su padre, al que define como “un campesino ilustrado”, le cultivó el amor por la literatura, el cine, el periodismo o el fútbol, gustos todos ellos que se convirtieron en pasiones con los años. Recuerda de él los paseos hacia el huerto de Lechago, el pueblo de Teruel donde nació y se crio, en los que le hablaba de Antonio Machado y le hacía memorizar sus poemas. Todavía recuerda el primero, con el que se arranca sin necesidad de insistir: Yo voy soñando caminos / de la tarde. ¡Las colinas / doradas, los verdes pinos / las polvorientas encinas! / ¿Adónde el camino irá? (…) 

El camino, que le llevó a vivir por un mundo de historias que algún día se escribirán, si alguien encuentra la llave.

Guarda Alegre también la visión de su padre viendo películas en su primer televisor, y cuando le hablaba de Ingrid Bergman, de Hitchcock, de Gregory Peck. Pero existe un recuerdo que todavía hace mella en la memoria: “La imagen de mi padre escuchando por la radio, cuando aún no teníamos televisión, los partidos del Zaragoza junto a mi tío Luisito, celebrando completamente eufóricos un gol de Marcelino -que narró para las ondas la voz de Paco Ortiz-  y besándose, abrazándose, cogiéndome en brazos”.  

Cine, poesía, literatura… y fútbol. En usted se ve que no, pero ¿por qué parece que siempre están reñidos? 

El fútbol forma parte de la memoria popular con una intensidad con la que seguramente nada más lo ha conseguido. Esa fuerza, esa potencia, esa capacidad de llegar a todas las generaciones y a todos los países… Es uno de los grandes fenómenos desde principios del siglo XX. Como el fútbol seduce a la masa, porque no es necesario realizar ningún esfuerzo intelectual para disfrutar de él, sedujo también a todo tipo de público analfabeto. Por esa razón es un deporte que de alguna manera empezó teniendo mala fama entre la gente de la cultura. Y por eso ha sido aprovechado por los poderes para engatusar a la gente, adormecerla, anestesiarla. Imagínate el franquismo…

Sin embargo, gracias a gente de la cultura que apreció en el fútbol otros valores este ha ido seduciendo todavía a más gente. Estoy pensando en Albert Camus, Premio Nobel francés, que fue futbolista y lo reivindicó. Pienso en Pier Paolo Pasolini, gran escritor y cineasta italiano. En Manolo Vázquez Montalbán en España. Fue gente muy progresista y que reivindicó los valores artísticos, estéticos, culturales y como una seña de identidad de un pueblo.

¿Se ha explotado ese potencial artístico del fútbol?

Tiene un lado artístico en el sentido de que hay partidos y futbolistas que convierten el fútbol en arte, en algo estéticamente bello. Ves jugar a Messi o veías jugar a Maradona y dices: “Joder, esto no es solo un tío con una pelota tratando de introducirla en una portería”. Es alguien que es capaz de provocar sentimientos, emociones muy sublimes. Desde ese punto de vista, si entendemos que eso es el arte, creo que el fútbol tiene un valor artístico. Y luego, alrededor del fútbol se han escrito textos de una gran belleza. O sea que sí, tiene un lado artístico muy potente.

Tiene belleza el fútbol. Pero no es lo mismo ser del fútbol que ser de un equipo. ¿Usted es del fútbol o del Real Zaragoza?

De las dos cosas. En mi caso, mi relación con el Zaragoza es perfectamente compatible con el placer que yo experimento al ver jugar a determinados equipos o jugadores. Yo he disfrutado, seguramente como nunca en mi vida, viendo al Barça de Guardiola. Me parece que eso era puro arte y ha marcado una época. Igual que con Messi, Maradona, la Selección que ganó el mundial, la Selección de los 80, el Madrid de la Quinta del Buitre o el de los Galácticos. Ha habido equipos míticos con los que yo he sentido excitación. Excitación de decir: ¡qué maravilla! Excitación como la que siento ante un cuadro de Goya o ante una canción de Bob Dylan.

Sublimar el fútbol…

¡Sí! Es una cosa sublime que te hace pensar que la vida merece la pena por poder disfrutar de esos placeres. Claro, si eso lo unes al triunfo del equipo de tu vida… Cuando vi el gol de Nayim estaba con escritores como José Luís Acín, Melero o Félix Romeo y lo vimos juntos con mi padre. Fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida. Una obra de arte como lo fue el gol de Nayim y que supone el máximo triunfo histórico de tu equipo… Es insuperable. Ojalá, pero no creo que la vida me deje vivir una cosa parecida. Fue un momento en el que se concentraba todo: el arte, en el momento preciso y de una forma inesperada, el placer de ver al equipo de mi vida triunfar de esa manera y, encima, rodeado de seres queridos tan importantes para mí. Fue un momento de esos que me voy a llevar a la tumba.

Luis Alegre en un momento de la entrevista. Imagen: Sergio Herrero

¿Es cierto que no hay buenas películas de deporte?

Hay algo que es fundamental y que afecta a todos los deportes, en especial al fútbol. El encanto, la emoción que produce el deporte está completamente relacionada con el hecho del directo. Cuando ves un partido, la emoción está en el verlo en ese momento, donde existe incertidumbre sobre lo que va a pasar. La capacidad de sorpresa de la realidad es extraordinaria. Esa emoción que transmite el fútbol, esa capacidad de sorpresa, es un factor que pertenece al deporte y que es imposible de trasladar a una película o a una obra de ficción, porque sabes que es mentira. No es real. Me parece que es algo fundamental para explicar por qué no existen películas que retraten la emoción del fútbol.

Dentro de eso, Evasión o Victoria es el gran clásico. Hay películas o novelas que están bien dentro del mundo del fútbol, pero es como el caso de los toros, aunque no sea aficionado. Es lo que sucede en un instante.

El ruido, el ambiente, el contexto…

Es imposible trasladarlo a una película de la que ya sabes, de entrada, que es mentira. Es un factor para explicar que no se haya consolidado una obra relacionada con el deporte entre los grandes clásicos del cine y la literatura. Y eso da qué pensar. 

Una tragedia griega

Era el año 2009 y el Teatro Kodak de Hollywood albergaba la 81ª ceremonia de entrega de los Premios Oscar. Luis Alegre había viajado hasta Los Ángeles para acompañar a una amiga que había sido nominada por segunda vez con la película Vicky Cristina Barcelona. El primer premio de la noche, el que reconoce a la Mejor Actriz de Reparto, recaló en aquella amiga de cuyo reducido séquito formaba parte Alegre. Penélope Cruz subió a dar su discurso y el aragonés, que no pudo reprimir la emoción, soltó un “Viva la madre que te parió” que resonó entre las paredes del teatro. Prince, que estaba justo en el asiento de delante, dio fe de la anécdota con cara de incomprensión.
 

¿Con quién le ha salido uno de esos vivas en La Romareda?

Con Cani. Y con Pardeza, con Alberto Zapater, con Víctor Muñoz, con César Láinez. Y con Lafita, pero ese fue en la tele. Era un partido que nos mantenía en Primera…

¿Getafe?

¡Getafe! Sí señor. Ahí le grité un viva la madre que te parió. Pero ya hace mucho tiempo que no le grito eso a nadie del Zaragoza.

¿Quién dirigiría la película del Real Zaragoza los últimos años?

Buá. Sería un experto en tragedias. Un director especialmente sensible para la tragicomedia… Bueno, tragedia directamente, porque me resulta muy complicado ponerle humor a lo que le ha pasado al Zaragoza en los últimos años. Ahora justo se cumplen 15 años del último gran partido que yo le he visto al Real Zaragoza. Un partido memorable, seguramente el mejor partido que yo le he visto en toda su historia: el 6-1 al Real Madrid en la Copa del Rey. Aquel partido me invitó a comentarlo Paco Ortiz Remacha en La Romareda. Yo estaba a su lado y junto al padre de Ewerthon, que marcó dos goles. La emoción que sentí al comentarlo en la radio y abrazándome con el padre, emocionado cada vez que su hijo metía un gol…

Desde entonces hasta ahora ha sido un chasco detrás de otro, salvado pálidamente por los ascensos. ¡Es que ha sido una cosa tan horrible! Está siendo una pesadilla tan interminable… Este último año, cuando ya pensaba que no podíamos ser más desgraciados, aparece la pandemia y el Zaragoza que iba enfilado a Primera se convierte en una caricatura grotesca, patética de sí mismo. Otra vez no subimos, y no solo eso, ¡ahora la máxima ilusión es que nos mantengamos en Segunda! Es que es de locos. ¡Es de locos! Esto ha puesto a prueba mi amor por el Zaragoza. Si esto no ha acabado con nuestro amor es que es totalmente incondicional y patológico. El Zaragoza es una droga de la que no nos podemos deshacer. Todo esto por lo del director. Pues un experto en tragedias: ¡Sófocles!

Pues se podría hacer una obra…

Se podría escribir una gran tragedia. Me parece un tormento de tal categoría que está minando mi felicidad y mi alegría como nada en este mundo. No quiero frivolizar, pasan cosas tan horribles en el mundo… Fíjate que un efecto secundario positivo, por llamarlo de alguna manera, de la pandemia es que me ha ayudado a relativizar lo del fútbol. Vale, el Zaragoza es un desastre, pero la verdadera tragedia está a tu alrededor, en la vida cotidiana de tanta gente que lo está pasando mal, de tanta gente que se ha ido de forma prematura. Hay que relativizar las cosas, pero cuando pienso en el Zaragoza me caliento.

Antonio Banderas, Penélope Cruz y Luis Alegre en la galas de los Oscar en 2009.

Pero ¿se pueden relativizar estos temas que acompañan toda la vida a una persona? ¿Cuánta gente cambia de equipo?

Yo creo que cambian de equipo los que en el fondo no sentían ese equipo. Los que lo eran por una circunstancia oportunista o frívola. Pero yo no puedo cambiar de equipo: forma parte de mí con una fuerza tan poderosa, tan imbatible, que sería como renunciar a mí mismo, traicionar a mi infancia, a mi padre, a todo lo que ha sido mi vida. ¡No puedo cambiar de equipo! Es imposible.

José Luis Melero, que es muy integrista del Zaragoza, a veces bromea y me dice que soy un forofo tibio porque disfruto con jugadores de otros equipos. Yo puedo disfrutar de otros equipos, pero el pinchazo emocional solo lo tengo con el Zaragoza. Es como una enfermedad.

Una enfermedad crónica.

Completamente terminal. Ja, ja, ja. Pero bueno, soy feliz de tenerla. Me produce una gran satisfacción descubrirme tan leal a mi equipo, me hace sentir orgulloso de mí mismo.

¿Se puede llegar uno a conocer más investigando por qué es de un equipo?

Por supuesto. Habla mucho de tu relación con tu infancia, con tu propia memoria. Habla de tu capacidad de ser leal a la gente importante de tu vida, a lo que te ha conformado como ser humano. Yo creo que sí. Ahora pienso en amigos que son forofos de sus equipos, y la relación que mantienen con ellos retrata muy bien su personalidad.

¿Por qué se mojan tan poco los deportistas? ¿Desconocimiento o el jardín es inmenso?

El jardín es inmenso. Temen ser estigmatizados o encasillados y huyen de los conflictos. Son bastante poco dados a manifestarse ideológicamente. Hablo en general.

Siente en una silla, como a Fernando Fernán-Gómez, a un deportista, un artista y un político para conversar. 

A Pep Guardiola. Por su manera de ver la vida, su infancia, sus vivencias como jugador, que hable de la gente que ha conocido. Ha sido discípulo de Cruyff y maestro de Messi. En arte, a Woody AllenY de la política, a Felipe González. Si contara todo lo que sabe… Nos daría claves muy importantes de la vida en España. Y es una lástima porque seguramente no contaría muchas cosas de las que él sabe.

¿Qué les preguntaría?

A Guardiola, que qué es lo más valioso que le enseñó su madre. A Woody Allen, que por qué se enamoró de Mia Farrow. Y en el caso de Felipe González que me cuente, si fuera capaz, de qué se arrepiente de verdad en esta vida.

 

Contando los días y algunas historias.