Antón Castro, un objetor a orillas del Ebro

Antón Castro (Arteixo, 1959) es un referente del periodismo cultural en Aragón. Deportivista de cuna, pero zaragocista de adopción, el periodista gallego llegó a Zaragoza en el 78 por un viaje de estudios y acabó quedándose para formar una familia.

Desde que iba al instituto me han insistido en tratar a las personas mayores, profesores y autoridades de usted. Por supuesto, el caso de mi conversación Antón Castro no iba a ser una excepción.

Tras unos segundos de indecisión tuteando y “ustedeando”, llegamos a la conclusión de que coincidimos trabajando en el Heraldo de Aragón. Espalda a espalda, mientras él escribía la contracónica de los partidos del Huesca en la temporada 2018-2019, yo trataba de hablar por teléfono con el entrenador del Barbastro para que me contara como había ido su partido de Regional Preferente.

El lugar en el que le hubiera gustado tener esta entrevista es a orillas del río Ebro, en la Arboleda Macanaz. “Es uno de los primeros lugares que conocí cuando llegué a Zaragoza en el 78. Siempre fue para mí un sitio muy especial”, recuerda Antón con cierto tono nostálgico. Siguiendo el curso del río podemos llegar al Parque Tío Jorge, otro lugar de grato recuerdo para el periodista gallego. Allí es donde entrenaba otras de sus pasiones, el atletismo: “Me encantaba el mundo del atletismo. Estudiaba los atletas, era un gran seguidor de los Juegos Olímpicos y de las Millas de Oro”.

A orillas del río Ebro y con vistas a la Basílica del Pilar, no era de extrañar que la Arboleda Macanaz fuera el lugar escogido por Antón Castro para desconectar | Imagen: CityPlan

Aragón rima con objeción

Por alguna extraña razón, siempre que he conocido a alguien de otra comunidad que se instala en Aragón me surgen las mismas preguntas: ¿cómo has acabado aquí? ¿por algún vínculo familiar? ¿seguro qué no querías ir a Cataluña y te has hecho un lío con el mapa?

Sin embargo, los motivos que llevan a la gente a marcharse de su hogar son muy variados y difíciles de imaginar. En el caso de Antón Castro el fútbol y sus ideales jugaron un papel importante.

¿Por qué eligió Aragón?

Yo conocía algunas cosas de Aragón, conocía muy bien al Real Zaragoza porque me encantaban los magníficos y los zaraguayos (dos de las generaciones de jugadores del Real Zaragoza más conocidas). En el 78 yo no quería hacer la mili, era objetor de conciencia. Me enteré de que aquí había una colectividad de objetores de conciencia. Me acogieron muy bien.

En Galicia vivía al lado de un campo de fútbol, donde entrenaba Arsenio Iglesias, y jugábamos partidos maravillosos. Al final, por la noche, nos quedábamos contando historias y siempre estaban las de los que habían hecho la mili, sobre novatadas. A mí me parecían de tal crueldad… Me iba a casa compungido y pensaba en lo horrible y gratuito que era. Ahí pensé que no quería pasar eso si lo podía evitar.

Yo mandé mi escrito sobre mi objeción de conciencia poco antes del 23F. Entonces imagínate, yo trabajaba en un Bingo y fuimos el único que no cerró. Me fui a casa porque estaba muerto de miedo. El peligro era inmenso, pensé: “esta carta la van a leer los militares y mañana se me van a cargar”. Me quise marchar a mi casa y el dueño me dijo: “si te vas a casa mañana no vuelvas”. Yo estaba a punto de ser padre, tenía a mi mujer en el hospital, era una situación realmente complicada. Pasé miedo hasta tal punto que me quería marchar de España. A la mañana siguiente fui al Portillo (una de las estaciones de la capital aragonesa) para ver cómo me podía ir a Portugal. Al final se arregló todo y me quedé aquí.

¿Sufrió algún tipo de consecuencia por haberse negado a realizar el servicio militar?

Ninguna. Hasta que saliera la ley de objeción de conciencia estábamos en un limbo y en los 80 salió y yo ya había formado una familia, hubo una generación que se sintió aliviada.

Tras instalarse en la capital aragonesa vivió en varios pueblos de Teruel. ¿El problema de la despoblación era ya algo palpable?

En los 90 hice con mi mujer una ruta por Teruel, estuvimos en muchos pueblos durante muchos años.

El tema de la despoblación es un problema cíclico. En Aragón empieza en los 60, pero en los 90 ya te dabas cuenta de esa gran pérdida de población constante que había en todas partes. Estando ahí veías también lo que impulsaba a la gente a marcharse como la escolaridad, la universidad.

Hay otro fenómeno que es el de la cantidad de gente que vuelve a instalarse al pueblo porque te permite reabrir escuelas, empezar nuevos proyectos de futuro. Eso da un ejemplo a los jóvenes para empezar proyectos imaginativos. Es muy estimulante. Además, en la ciudad hay mucha gente que está harta de vivir deprisa, de estar sometida a la información vertiginosa, entonces creen que su vida ya ha cumplido ese vértigo y necesitan calma y regresan para reencontrarse con ellos mismos.

Un periodista gallego de cantera aragonesa

Podría decirse que usted tiene un máster en medios de comunicación culturales de Aragón. Ha trabajado tanto en los dos periódicos de referencia autonómicos, el Heraldo de Aragón y El Periódico de Aragón, como en la televisión autonómica. No hace falta ser muy observador para ver que usted es una voz autorizada para explicar el momento que atraviesa el periodismo cultural.

También trabajé en el Día de Aragón, un periódico ya extinto pero que tenía la intención de ser como El País, pero en Aragón. Fue muy importante en su día. Allí empezó mi carrera como periodista. En televisión hice muchos programas de entrevistas y de cine. Trabajé también en una cadena que tenía el Heraldo también.

El periodismo cultural ha sido fundamental en la historia de la comunidad. Las secciones culturales han estado a la vanguardia. En general, Aragón no desentona en absoluto con el periodismo cultural que hay en España. Aquí han habido muy buenos periodistas reconocidos, profesionales que son un ejemplo, que te marcan.

Estamos en un momento muy interesante. Hemos visto en la pandemia lo importante que es la cultura, clave para todo. Nos ha protegido, nos ha aliviado. Y a la vez hemos visto las heridas que tiene la cultura cuando no se puede encontrar con el público, cuando no puede salir a la calle en esta situación anómala. Te das cuenta de que sufre la población, los creadores, el sector técnico y artesanal. Te das cuenta de que la cultura moviliza muchos ámbitos.

La gente ha visto más cine, ha escuchado más a otra gente. La cultura ha impedido que nos sintamos solos.

En el año 2013, Antón Castro recibió el Premio Nacional de Periodismo Cultural | Imagen: Aragón Musical

Otro debate que existe está relacionado sobre el auge de los streamers, siendo su labor tildada por ciertos periodistas como intrusismo laboral.

Intrusismo laboral hay en todas partes. Hay que regular algunas cosas, pero lo que no se puede poner es puertas al campo. Es muy abierto, todo el mundo puede entrar y lo único que uno debe discernir es si lo que ve le gusta, si no le gusta, si le parece que merece la pena perder tiempo en eso.

Tenemos que ser lo más noble posible. Hay que saber qué es lo que le gusta a cada público. Los streamers son los nuevos contadores de historias en las redes.

Puede que haya que hacer autocrítica.

Un periodista es un señor que intenta contar la vida lo mejor que puede y con los recursos que tiene. Uno tiene que preservar la especie. Es obvio que el mundo va cambiando, pero hay algo que nunca va a cambiar, y es contar lo que sucede. Entonces lo que no puedes hacer todo el rato es contar la vida dándole tanta importancia a cosas que no lo tienen. No es tan importante el horóscopo como lo que le pasa a la gente, cómo vive, cómo habla.

De vez en cuando tenemos que mantener un grado de honestidad y de respeto al oficio.

Luego está lo de los nichos de mercado. ¿Eso qué es? Lo que le interesa a la gente cuando lee los periódicos, ¿pero cuánto tiempo le ha interesado? Un click no es nada. Lo que escribe Pablo Ferrer, que publica todas las semanas una historia de Aragón extraordinaria con fotografías, deja un poso, de seres humanos, de paisajes, de conocimiento, de aventura e historia.

El periodista educa a sus lectores, no de forma tiránica, sino con imaginación, abriéndole puertas. Uno acostumbra a su lector a lo que le gusta. El periodismo tiene que hacerse muy bien, todo el tiempo, con imaginación y con rigor.

Tu amigo y vecino Antón Castro

En una época en la que las tensiones que genera el fútbol son cada vez más absurdas y palpables, Antón Castro se desmarca por completo. De la misma forma que Spiderman se identificaba por los distritos de Nueva York como un “amigo y vecino”, el gallego ha hecho lo mismo en el ámbito futbolístico siendo su corazón blanquiazul (del Deportivo de La Coruña y del Real Zaragoza), aunque también late al ritmo de la música celta o de los danzantes de Huesca.

Tengo curiosidad, ¿cuál era su ídolo deportivo de pequeño?

El futbolista que más me enamoraba y al que yo quería parecerme era Bekenbauer, capitán del Bayern de Múnich y de la selección alemana. Era un jugador exquisito y uno de los creadores del concepto de defensa líbero. Marcó una época en esa posición en un tiempo en el que había muchos líberos. Siempre me han gustado los jugadores finos como Cruyff, Laudrup, Pablo García Castany o Juan Señor, el que más me ha impresionado por su calidad y su liderazgo en el campo.

Curiosamente en su pueblo natal, Arteixo, nació Arsenio Iglesias, que entrenó al Deportivo de La Coruña y al Real Zaragoza entre otros clubes. ¿Se conocen?

Claro. Yo era su vecino. Cuando dirigía al Dépor entrenaban al lado de mi casa y bajaba a verlos. Recuerdo que de vez en cuando Manolete tiraba el balón al río y Arsenio me pedía que fuera a por él.

Arsenio Iglesias fue uno de los protagonistas de la época dorada del Deportivo en los 90 | Imagen: Marca

Me han dicho también que eres deportivista de cuna.

Así es, y de los pocos que además se alegra de los éxitos del Celta de Vigo. Le tengo mucho cariño a Iago Aspas.

Se te nota ese amor por la región. Eres del Deportivo de La Coruña y del Real Zaragoza, pero te alegras por los éxitos del Celta y del Huesca, por ejemplo.

No tengo animadversión contra nadie. A mí lo que me gusta es el fútbol. El fútbol a veces es un terreno de enemistades, pero yo eso no lo comparto.

Las relaciones entre el Deportivo de La Coruña y el Real Zaragoza no atraviesan su mejor momento…

En el fútbol surgen unos odios desmedidos. Son cosas de directivos. A mí me interesa lo que pasa en el terreno de juego y ver disfrutar a la gente.

Ahora mismo, tanto el Deportivo como el Real Zaragoza atraviesan uno de los episodios más oscuros de su historia. ¿Qué futuro prevé para los dos clubes?

La cosa está complicada. El Real Zaragoza está claro que no va a subir. Tiene un problema acuciante, salvar la categoría. A los aficionados no se nos pasa por la cabeza que el equipo suba, sino que descienda a Segunda B. Tiene una plantilla muy justita. No hay un referente que aúne en el campo la dirección de todos los compañeros.

Lo del Deportivo es muy dramático. Hace unos años ganaba copas y ligas, ahora está en Segunda B. Y si miras los grupos, subir a segunda es muy complicado, se multiplican las variables.

Son dos situaciones muy tristes, pero estoy abatido y esperanzado a partes iguales. Espero que el Real Zaragoza y el Deportivo vuelvan al sitio que le corresponde.

No estoy hecho para ser un aficionado de salón, mi ecosistema es la grada.

Me invitaron a dejar el tenis, la natación, el judo, el baloncesto y el fútbol, por lo que deduje que mi sitio en un estadio era en la cabina de prensa, de ahí no conseguirán sacarme tan fácilmente…