Aída Roldán Sáenz y el fútbol como vía de escape

A los cuatro años empezó a golpear el balón. Dio sus primeros pasos en un equipo mixto de fútbol sala y cuando tuvo la oportunidad de irse a un equipo femenino, cinco años después, no lo dudó. Su posición también cambió: aunque las patadas vinieron primero, los guantes llegaron para quedarse.

A los cuatro años empezó a golpear el balón. Dio sus primeros pasos en un equipo mixto de fútbol sala y cuando tuvo la oportunidad de irse a un equipo femenino, cinco años después, no lo dudó. Su posición también cambió: aunque las patadas vinieron primero, los guantes llegaron para quedarse.

¿Por qué fútbol?

Fue un poco por mi hermano. Mi madre me apuntó a gimnasia rítmica cuando empecé la escuela, pero yo veía jugar a mi hermano a fútbol y siempre quería ir con él. A raíz de ahí fue cuando empezó todo.

Aída en un equipo mixto. | Imagen: Aída Roldán

Su recorrido, amplio y completo, le ha permitido moverse en equipos diferentes y conocer gente nueva. Desde el CD San Adrián hasta la Selección Navarra. Pasando por La Rioja, en clubes como el CD Calahorra, el CD Pradejón y el CD Atlético Revellín, hasta la Selección Riojana.

¿Cómo viviste tantos cambios?

Pues yo conocía a muchas de los otros equipos, pero al final te suelen arropar. El fútbol es un deporte en equipo y si no lo eres, pierdes por muchos lados. Por eso tienes que intentar arropar a la gente de fuera.

En 2018, la agencia madrileña W2a Management contactó con ella tras haberla visto en el campo y le propuso jugar en los Estados Unidos. “Me daba mucho miedo porque es cambiar tu vida por completo, pero siempre había sido un sueño que quise hacer realidad. Y después de estar dos años aquí, es una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida”.

No fue fácil. Aída estuvo un año entero preparándose para superar las pruebas de acceso –académicas y físicas–. Se presentó a los exámenes SAT (inglés y matemáticas) y TOEFL (como un examen de inglés normal). “Dos veces al SAT y creo que fueron tres al TOEFL porque cuando me llamaron mi nivel de inglés era el típico, lo que aprendes en el instituto”.

Una vez aprobadas las pruebas teóricas, tuvo que hacer las físicas para las que llevaba doce meses entrenando. “Cuando ya las pasas, la agencia, que son como representantes deportivos, ven si eres válida para irte. Tuve esa suerte de que sí me vieron y ellos me ayudaron a conseguir la universidad”.

Este fue el principio de su mayor aventura. Su espalda abandonó el número 13 para acoger el 0 –propio del portero titular estadounidense–. Ahora, en el Barton Community College (Great Bend, Kansas), compagina los partidos con la carrera, Ciencias de la Actividad Física y el Deporte.

Aída (número 0) junto a sus compañeras del Barton Community College. | Imagen: Barton Sports

Cuéntame un día tuyo.

Depende de la semana y de la temporada. Pero ahora, te levantas, desayunas. Este semestre tengo clase de diez a una o de ocho a doce. Después empezamos a entrenar, que suelen ser dos horas más o menos, y luego yo y bastantes del equipo vamos al gimnasio.

No paras.

Y también, como las universidades en Estados Unidos son muy caras, te dan la oportunidad de poder trabajar, además de la cantidad de beca que te ofrezcan. Yo por ejemplo estoy trabajando en la cafetería y en el gimnasio.

Allí ha formado una nueva familia con su equipo. “Me acogieron muy bien desde el principio. Vamos a comer juntas, vivimos en la misma residencia, entrenamos juntas todos los días”. El coach les asigna compañera de habitación en función de su primera lengua, para que practiquen y mejoren el inglés. “El año pasado estuve con una de aquí, luego me cambiaron con otra de Ghana (África) y ahora estoy con una chica italiana”.

Sin embargo, un océano separa a Aída de su verdadera familia. Sus padres y su hermano le ayudaron desde el principio. “Sobre todo mi madre. Era la que me decía, es algo que siempre has querido hacer, pues ve a por ello”. Contar con este apoyo es fundamental para manejar la experiencia. “Al irte tan lejos, siente un vacío dentro de ti. Para mí es una de las mejores cosas del día, cuando llamas a casa a ver qué tal están ellos”.

Además, “aparte de la familia, también me siento orgullosa del círculo de amigas que tengo. He sentido que me han apoyado en todo”. La cuadrilla también es un pilar básico para sostener sus días. “Y con Manuel también me he sentido arropada”, porque su novio es otro punto de apoyo.

¿Cuál es tu próxima parada?

Dakota del Norte. En mayo me gradúo y en agosto ya me transfiero a la University of Jamestown.

A partir de ahí, dejará la liga de los colleges (NJCAA) para incorporarse a la primera división de NAIA –nombre de la liga, independiente de la anterior–. La gestión está en manos de una nueva agencia, Team Mary Person, que se encarga de contactar con multitud de entrenadores. “Tú tienes que hacer un vídeo y ellos van diciendo, pues esta jugadora me interesa, puedo ofrecer tanto de beca. Y tú buscas una beca que se asemeje a lo que tú quieres”.

¿Y qué quieres?

Pues el equipo está muy bien, el ranking de sus temporadas anteriores es muy bueno y la universidad me gusta. También es pequeñita y a mí me gusta más vivir en un pueblo que en una ciudad. Además, por mi GPA (promedio de calificaciones) también me han dado algo de beca académica.

Validez, más allá del género

¿Qué te llevas de todo esto?

Jugar al fútbol aquí no tiene nada que ver con lo que yo he vivido en España. La validez que le dan aquí al fútbol, da igual que seas hombre o mujer, no importa tu género, tiene la misma relevancia.

¿Y en España?

En algún partido me ha tocado que me digan, tú no puedes jugar al fútbol, marimacho… Te da pena sentir eso, que por elegir algo que te gusta tenga que haber un género.

Aída lleva toda su vida parando balones, por eso tampoco deja que las críticas marquen gol. Y, por lo que parece, todavía le quedan muchos años pisando césped. “El fútbol para mí lo ha sido siempre todo. Es una parte de mí que siempre va a tener un espacio en mi corazón. Es mi vía de escape, algo que me hace despejarme, sentirme mejor. Me hace ser más libre, más yo”.

Fundadora de Malhabladas.

Lectora, feminista y cinéfila. Intento de vegetariana. ¿Ante los problemas? Siempre chupito de tequila. Espíritu joven. Sé amable.