Diplomacia del estilo

El Raja Casablanca encarna un romanticismo casi desaparecido en el fútbol. Fieles a sus ideas, dentro y fuera del campo, las Águilas Verdes vuelven a soñar con dominar el continente africano después de vivir una crisis que los dejó al borde de la desaparición

11 de enero del 2000. Real Madrid y Raja Casablanca se ven las caras en el estadio Morumbi de Sao Paulo en un encuentro de la fase de grupos del Mundial de Clubes. En el minuto 28, Roberto Carlos corta la ofensiva marroquí y el balón se va a córner. La pelota vuela desde la esquina directa a la cabeza de Achami, que remata sobre Karembeu. Un joven Iker Casillas hace la estatua mientras el cuero entra en la portería blanca. 

Alegría desbordada. El entrenador del Raja contempla la escena con mirada perdida. No se lo cree. Un abrazo de su segundo, que alza el puño en un gesto maradoniano, lo devuelve a la vida. La reacción de los jugadores, las imágenes de la grada y la voz entrecortada del comentarista indican que no es un momento cualquiera.

La pelea sigue pero el instante queda. El Raja, personificación del estilo, la fidelidad a unas ideas y a una identidad de club desde los años 50, le ha metido el dedo en el ojo al campeón de Europa. Los periódicos contarán al día siguiente que Fernando Hierro hizo el 1-1 y Morientes el 2-1. Que los marroquíes lograrían el 2-2 y que en semejante lío fueron expulsados Roberto Carlos, Guti y Karembeu por parte de los merengues y El Moubarki en los verdes. Por último, que Géremi haría el 3-2 para el Real Madrid en los últimos minutos. La victoria fue para los blancos pero tal vez no sea tan importante.

Esta historia comienza en 1937. Europa vive los últimos años del periodo de entreguerras y se empieza a resquebrajar el sistema colonial. Marruecos es uno de tantos países subordinados a las potencias europeas. Los españoles controlan el norte y los franceses tienen en su haber la parte central, donde se encuentra Casablanca. La ciudad entrará en el imaginario colectivo de todo el mundo en 1942, con la película protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman. 5 años antes de este momento nace el Wydad Club Athletic. 

Fundado por marroquíes y franceses, condición que establecían las autoridades, se crea con la idea de resistir al colonizador. Al menos, esa era la intención. 12 años más tarde, en 1949, casi a modo de escisión, nace el otro gran club de la ciudad: el Raja Club Athletic o Raja Casablanca. Dos equipos para crear una rivalidad que ha acabado partiendo en dos Casablanca y el fútbol marroquí y que tiene sus orígenes en este momento.

Una cultura propia

Nada se entiende sin Mohamed Ben Lahcen Affani, más conocido como el Padre Jégo (Père Jégo). Después de ser fundador del Wydad se llevó sus ideas e hizo lo propio con su rival. En lo político, el Raja es un foco de anticolonialismo. El propósito fallido de su vecino y una de las razones por las que Père Jégo habría abandonado el Wydad. Se trata de hacer política del fútbol y fútbol de la política. El club está relacionado en sus inicios con la izquierda y los sindicatos. 

Sobre el césped, toman en sus primeros años el ejemplo de Latinoamérica. Un fútbol similar al de Argentina y Brasil, inspirado en equipos como River Plate. El juego alegre y atrevido por bandera en busca del espectáculo donde ganar es secundario. De hecho, los títulos tardarán varias décadas en llegar a las vitrinas de los verdes. Sus vecinos, los rojos, representan lo contrario, con una faceta política relacionada con la burguesía y llevando a cabo un fútbol más pragmático, heredero de la tradición inglesa y de clubes como el Liverpool o el Manchester United.

La tinta con la que se escribió la historia del fútbol marroquí todavía no está seca. El Wydad jugó y ganó títulos en la liga del Marruecos colonizado. 4 de forma consecutiva, entre 1948 y 1951, además de otro en 1955. Para los hinchas del Raja, que no comenzó a competir hasta después de la independencia, es una vergüenza. Algo que se contradice con la idea de ser un club creado para resistir al colonizador.

Sea como fuere, el Wydad se caracterizó durante gran parte del siglo XX por ser ese club ganador a la inglesa. Los primeros grandes títulos del Raja no llegan hasta la década de los 80. Ganar no era lo importante pero el estilo y la victoria por fin se dieron la mano.

Foto: @Raja_Supporters

Abdullah, veterano aficionado del Raja, comenzó a seguir al equipo cuando vivía en Rabat. Recuerda con orgullo un equipo que no llenaba vitrinas pero sí dejaba un poso social y futbolístico que lo hacía único. “Soy hincha del Raja desde antes de que ganaran su primer título en la liga marroquí. No es un club de títulos, recientemente sí, pero no era el objetivo. Padre Jego impuso esa cultura especial, muy única, de juego, de disfrutar del fútbol”

Durante su adolescencia en los años 80 solía ver al equipo de Casablanca en sus visitas al FAR Rabat, el equipo de las fuerzas armadas. Se consideraba uno de los clásicos del fútbol marroquí, aunque el derbi frente al Wydad era la cita más importante en el calendario.

Abdelmajid Dolmy era el ídolo del Raja por entonces. Conocido como El Maestro, su apodo hace honor al fútbol que practicaba. De ‘5’, por delante de la defensa. Todo el juego pasaba por sus botas. “Es una leyenda del club y tuve el privilegio de verlo jugar. Ese tipo de jugador, con pelo largo, en la década de los 80, muy involucrado políticamente… era como una imagen de la izquierda marroquí”, recuerda Abdullah. Un referente a la altura del equipo del pueblo. 

Dolmy vistió la camiseta de las Águilas Verdes entre 1970 y 1987 y después en la temporada 1990/1991. Además tuvo un papel destacado en la selección de Marruecos, con la que disputó los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984 y el mundial de México 1986. En este torneo se convirtieron en el primer país africano que superaba la fase de grupos y accedía a los octavos de final. 

Caprichos del fútbol, el primer título continental del Raja llega en 1989, sin Dolmy en la plantilla. Se trata de la Copa Africana de Clubes Campeones hoy conocida como Liga de Campeones africana. Imaginen una eliminatoria igualada, sospechas de árbitros comprados por el rival, resistir con un jugador menos y terminar ganando en los penaltis.

La historia perfecta para culminar años de espera y que el estilo y los títulos se dieran por fin la mano. Fue ante el MC Oran de Túnez. 1-0 para los marroquíes en la ida. 1-1 en la vuelta con diez hombres. La tanda de penaltis dictó justicia. Un triunfo a base de lucha y voluntad.

“Dio al club la nueva dimensión de pelear para ganar títulos. Pero no a cualquier precio”. El precio es el estilo, la identidad. En el fondo, lo que de verdad importa de toda esta historia. Las ideas no se negocian, llevado a su máxima expresión. El Raja Casablanca ha llenado sus vitrinas desde los años 80 con títulos nacionales e internacionales. Nadie escapa ya del espectáculo masivo que es hoy el fútbol, aunque ellos luchan por conservar ese romanticismo que hoy muchos aficionados reivindican en Europa.

Arenas movedizas

El fútbol sigue siendo un deporte social que, en mayor o menor medida, está relacionado con la política. James M Dorsey ha estudiado el fenómeno del fútbol en el Norte de África y Oriente Medio. Asegura que en estos lugares el deporte rey ha cumplido un rol político y social de forma prácticamente ininterrumpida, mientras que en Europa ha sido algo más intermitente. No hay que pasar por alto que clubes como el Wydad y el Raja se crean en los años de la descolonización. Son hijos de su tiempo. 

James me habla de algunos ejemplos representativos a lo largo del continente. En Argelia, el JS Kabylie se identifica como un equipo bereber. El Bnei Sakhnin israelí rompe con la norma y se considera a sí mismo palestino. En Egipto, la rivalidad entre el Al-Ahly, antimonárquicos, y el Zamalek, todo lo contrario, supone el choque de dos formas totalmente distintas de ver la sociedad. En Oriente Medio hilan fino hasta el extremo. Hapoel significa obrero, por lo que el Hapoel de Tel Aviv encarna unos ideales más relacionados con la izquierda. Por su parte, el Beitar Jerusalem está relacionado con la extrema derecha, mientras que el Maccabi se sitúa en el centro. 

Según James, el Raja se corresponde con el patrón del resto del continente”. Si bien es cierto que Marruecos y el norte de África tienen algunas particularidades. Todo viene de los años posteriores a la Primavera Árabe y de unas demandas de libertad que no se han cumplido del todo.

Isaac J Martín es corresponsal de la Agencia EFE en El Cairo. Estuvo también en Marruecos mientras trabajaba para El Mundo y ha vivido en primera persona el momento que atraviesa el país. “Durante mi estancia, comenzó la crisis en el Rif con la muerte del pescador Mohsen Fikri, lo que desató unas protestas en el país, que no se habían visto desde 2011”. Desde hace tiempo existen en Marruecos ciertas líneas rojas. Isaac, como periodista, cuenta que desde el Ministerio de Información les advertían de estas. “Se encargan de recordarte cuáles son los dos temas a los que más atentos están”.

Y aquí, donde la opinión pública no puede llegar, el deporte entra a repartir juego. En 2018 los ultras del Raja Casablanca crearon la canción Fibladi Dalmounien español Oprimido en mi país. Un grito desde los estadios para reclamar justicia. Es la cruda realidad de la juventud en Marruecos, marcada por la perspectiva de un futuro que no siempre les permite prosperar. “Buscan un futuro lejos de su país, al menos durante sus años de juventud. Volver siempre está en su mente, pero acaban adaptándose a los lugares a los que parten”, asegura Isaac 

La mitad más uno

A Omar Kabbadj, periodista e hincha del Raja, la pasión le viene de familia. “Nací en Casablanca y vivo aquí. Mi madre me hizo hincha del Raja porque su padre era también. Mi abuelo me llevaba al estadio cuando era niño, es una cosa de familia, no una elección. El tiempo ha pasado y en cierto modo la presencia de la política se ha suavizado, a excepción del grupo ultra, que sigue teniendo un gran protagonismo en la difusión de ideas y la protesta social.

“Al principio el Wydad sí que era el club de la clase social más alta y el Raja el de las clases populares pero esto ha cambiado”. En un fútbol masivo y mercantilizado, aunque menos que en Europa, es muy difícil, como cuenta también Abdullah, que varios millones de personas estén de acuerdo con las ideas políticas de un equipo. 

Esto no impide que el Raja siga siendo un equipo especial, por estilo y filosofía. Desde su creación existe un idilio con Argentina. De la rivalidad entre River y Boca se llevaron el estilo de juego de los millonarios y los referentes culturales de los bosteros. “El que es hincha de Raja es hincha de Boca. Muchas de las canciones hablan de Boca, de Maradona, de Riquelme. Somos la mitad más uno, como Boca en Argentina, comenta Omar. También viene de ellos su sentido de comunidad y su identidad de club popular. 

Si Boca va de la mano de ‘La 12’, el Raja hace lo propio con los Ultras Eagles. Creados en 2005, son la primera barra brava de Marruecos. Si bien constituyen el sector más politizado de la afición, como se puede ver en la canción Fibladi Dalmoni, su impacto va más allá de lo ideológico. “Los niños y todo el mundo repiten las letras en las calles cuando sale una canción. Es impresionante. Son influencers”. 

La cantera, otra seña de identidad del club, ha ganado importancia en los últimos años. El Raja tuvo que hacer de la necesidad virtud y encontró en su academia de futbolistas, la más grande de Marruecos, una vía para salir de la crisis en la que se encontraba. “Es nefasto traer jugadores por dinero y hacerles jugar para un escudo. Para mí es una cosa de pasión. Ser del Raja te da derecho a jugar en el Raja.

La rivalidad con el Wydad tampoco ha escapado al paso del tiempo pero el derbi de Casablanca sigue siendo el partido más caliente del fútbol marroquí. Para Omar, uno de los mejores derbis del mundo. Un encuentro en el que los aficionados eclipsan a los jugadores. Abdullah nunca ha sido capaz de verlo dentro del estadio. “El estadio está lleno, con más gente que asientos. Todo el mundo se vuelve loco, es muy intenso”. Este aficionado recuerda también el cambio que define la rivalidad en los últimos 30 años. A final de los años 80 el Raja dejó de ser visto como el vecino molesto del Wydad y pasó a ser su principal competidor. Algo insoportable para los rojos, que han visto como su eterno rival les superaba en títulos continentales.

Realismo mágico

El estadio Mohammed V de Casablanca, casa de ambos equipos, ha sido testigo de muchos derbis. Dada la relación entre el Raja y Latinoamérica, se puede catalogar el del 23 de noviembre de 2019 como un episodio digno del realismo mágico, aunque no estoy seguro de que Gabriel García Márquez pudiera firmar este relato. Fue en la vuelta de los octavos de final de la Liga de Campeones Árabe. La eliminatoria estaba completamente abierta tras el 1-1 de la ida y el estadio lucía lleno hasta la bandera, como no podía ser de otra manera. El partido comienza a jugarse desde los tifos y las pancartas que dan colorido al estadio. Y es que, como afirma Abdullah, el tifo es un diálogo que existe en la sociedad”, entre los hinchas de ambos equipos y lo que representan.

Comienza el partido y el espectáculo en la grada. Las bengalas y el humo verde llenan el fondo sur. El Wydad contraataca sobre el campo. Gol de penalti de Nahiri. El otro sector de la grada es ahora el protagonista. Llegados al descanso con 1-0 parece encarrilada la victoria de los Diablos Rojos. El Raja reacciona, también de penalti, obra del capitán Moutouali, pero de nada sirve cuando en cuestión 20 minutos suben al marcador 3 goles del Wydad. En el 4-1 Aouk se quita la camiseta viendo más cerca que nunca la victoria, lleno de orgullo por sentirse ganador del derbi.  

La lógica nos dice que remontar es imposible. Qué sabrá esta del Raja. Las Águilas Verdes tenían el as del realismo mágico bajo la manga. Tocando, como más les duele. Pase entre líneas, balón a la banda y centro raso al segundo palo. La empuja Ahaddad para el 4-2. A los 88 minutos Moutouali hace el 4-3 con un lanzamiento ‘a lo Panenka’. No le tiembla el pulso. Al Raja le queda luchar sobre el alambre de los 5 minutos de descuento. El Wydad tiene oportunidad de hacer el 5-3, sin portero pero el destino pone en la trayectoria del balón las piernas de un defensor. La jugada continúa hasta que Jabroun provoca una falta casi en la línea de fondo. 

Casablanca contiene la respiración mientras Moutouali planta la pelota. El ‘5’ del Raja se disfraza de Abdelmajid Dolmy y su centro medido vuela hacia la cabeza de Malango, que la coloca en la escuadra. Igual que en Sao Paulo 19 años atrás. Para empatar y pasar de ronda. El cierre de una noche mágica. La prueba de que el Raja está de vuelta.

Volver a soñar

Los últimos años no han sido fáciles para el Raja. En lo futbolístico, el club vivió una sequía de títulos de 4 años, hasta la llegada del español Juan Carlos Garrido al banquillo en 2017. “Tuvo que trabajar en un contexto muy difícil. El club tenía una deuda enorme y él sacó jugadores de la academia para construir un equipo de futuro”, reconoce Omar. En 2018, el técnico español capitaneó al Raja hacia la Copa Confederación de la CAF.

Pero la crisis no fue solo económica. Tras ganar la liga marroquí en 2013, les correspondía disputar el Mundial de Clubes, celebrado en Marrakech, como equipo anfitrión. Alcanzaron la final y pese a caer por 2-0 contra el Bayern de Pep Guardiola, se considera uno de los hitos recientes del club. Sin embargo, no importaba el qué, sino el cómo. “En la 2012/2013 vino un presidente muy joven con mucho dinero y comenzó a comprar jugadores. El Raja cambió de ADN y no me gustaba. Dejó el club en la peor crisis de su historia, fue como hacer un boicot”.

Foto: @Raja_Supporters

En el punto más crítico de su historia el Raja encontró en sus ideas un punto para volver a empezar. Sobre el campo, reforzando la cantera y siendo fieles al estilo. En los despachos, con un modelo de gestión a la vanguardia del fútbol marroquí, que escapa del personalismo y los presidentes ligados con la política. “En los últimos años hemos cambiado en ese sentido, con un grupo de dirigentes que trabajan en equipo. Es una idea más moderna”, añade Abdullah, aunque también cree que hay todavía mucho camino por recorrer.

Acostumbrados a la narrativa europea, África es un lugar que solo ocupa portadas después de las tragedias. Incluso Marruecos, tan cerca y tan lejos de España al mismo tiempo, entra en el grupo de los nadie a ojos de Europa. El deporte saca a la luz historias como la del Raja, brillando en algo monopolizado por el viejo continente como el fútbol. El debate entre resultadismo y juego es tan antiguo como el deporte pero tal vez deberíamos ser un poco más del Raja. Huir del qué, prestar atención al cómo. Centrarnos en crear instantes que duran una vida. ¿De qué vale todo esto si no?

Siendo niño tuve la brillante idea de ser periodista. Y así me va. 

A pesar de los pesares aquí sigo. Intentando seguir las costumbres clásicas de la profesión. Véase consumir whisky y escribir sobre historias que normalmente no entran en la agenda setting. Odio la expresión “no lo verás en los medios”. ¿Dónde lo has leído entonces, ababol?