De Stalingrado a Old Trafford

La historia del FC Rotor Volgogrado arranca en una fábrica de tractores de la antigua Stalingrado y llega a su cumbre en Old Trafford. Después de 16 años de crisis y refundaciones han vuelto a la Primera División Rusa. Lejos queda el sueño europeo del Rotor pero la eterna llama sigue encendida.


Ryszard Kapuscinski hablaba de la antigua Unión Soviética como un imperio. La última Roma. Algo de una extensión desproporcionada para los países del siglo XX. La nieve de Siberia encarnaba para él todo aquello. Kilómetros de manto blanco cubriendo ciudades, carreteras, taigas y todo lo que se pusiera en su camino. La nieve como corazón de un extinto imperio que aspiraba a cumplir lo más ansiado por el hombre: la infinitud. Esa “incondicional, total y absoluta infinitud”.

Cayó el telón de acero pero Rusia sigue siendo ridículamente inmensa. Con algo representativo nos debíamos quedar los occidentales. Por eso pensamos en las torres del Kremlin y la Plaza Roja. O como mucho, se nos viene a la cabeza San Petesburgo por su valor histórico. Más al sur, a orillas del Volga, la eterna llama ha quedado relegada a un segundo plano. 

En la actual Volgogrado, o como la recuerda la historia, Stalingrado, estuvo en juego el destino del mundo. Para los habitantes de la ciudad es imposible separar los dos nombres. La historia de la Gran Guerra Patria ha pasado de generación en generación y las constantes referencias a la batalla de Stalingrado salpican las calles. Bustos, monumentos y la Llamada de la Madre Patria, un coloso de 85 metros que corona la ciudad desde su colina más alta. Algunas versiones aseguran que Evgeny Vuchetich, su autor, se inspiró en la lanzadora de disco Nina Dumbadze para crear el cuerpo de la estatua. 

El balón, símbolo de victoria

Este gran símbolo de la victoria fue inaugurado en 1967. Pero hubo otro, más humilde. El 2 de mayo de 1943, pocos meses después del fin de la batalla, un balón representó el renacer de la ciudad. Entre las ruinas quedaba en pie el Estadio Azot. En él tuvo lugar la victoria por 1-0 del Dinamo de Volgogrado, uno de los equipos secundarios de la ciudad, ante el Spartak. El fútbol ruso dio sus primeros pasos en Moscú y San Petesburgo pero esta ciudad se ganaría un sitio en los libros de historia por lo emotivo y lo simbólico del momento. Y quedaban muchos más por venir con la firma del Rotor Volgogrado.

El equipo de la ciudad del Volga nace en 1929. Los trabajadores de la fábrica de tractores Dzerzhinskiy, nombrada así por un dirigente de la NKVD, crearon el Traktorostroitel Stalingrad. En español, los constructores de tractores de Stalingrado. La historia del equipo, como la ciudad, pronto se verá condicionada por la guerra. De hecho, la fábrica, perteneciente al complejo industrial Octubre Rojo, ha pasado a formar parte del imaginario colectivo ruso por su importancia estratégica en la Batalla de Stalingrado. 

La profunda voz de Yuri Levitán, locutor de radio soviético por antonomasia, resuena a través de los transistores la mañana del 22 de junio de 1941. El pacto de no agresión entre Hitler y Stalin llega a su fin. La Alemania Nazi declara la guerra a la Unión Soviética. Todo hombre capaz de blandir un fusil fue llamado a filas, aunque había excepciones. Los jugadores del Traktor Stalingrado, su nombre de entonces, tuvieron la posibilidad de refugiarse en los Urales, lejos del frente. Algunos decidieron quedarse. 

Un grupo de niños en Stalingrado en 1944. Imagen: Twitter @SovietVisuals

Ermasov, Gusev, Kolosov, Plonskaya, Shereme, Shlyapin y, sobre todo, Belikov. De defender el área del Traktor al frente en las calles de Stalingrado. Vivió para contarlo y participó con el Dinamo en el partido ante el Spartak. 

Su presencia fue otro símbolo de la victoria. Un icono del deporte rey a orillas del Volga. Tras la guerra, llegó el ostracismo. Los gigantes del fútbol soviético reclamaron su sitio. Los equipos de Moscú, San Petesburgo, Donetsk, Tbilisi, Minks o Kiev sobresalían entre la inmensidad narrada por Kapuscinski.

No había sitio para Stalingrado y su equipo, a menos que el imperio se desmoronara. Pasaron Stalin, Malenkov, Khrushchev, Brézhnev y la eterna lista de mandatarios. Stalingrado cambió su nombre a Volgogrado. Llegó el colapso, cayó el muro. Abrió un McDonald’s en Moscú. En los años de la Perestroika bastaba con estar en el sitio indicado, en el momento indicado. Y el Rotor Volgogrado consiguió ascender a la Primera División de Rusia en 1991 para su temporada inaugural, ya sin equipos de las repúblicas satélite. 

Una década prodigiosa

El nuevo orden del fútbol ruso estaba por definirse. En ese contexto de novedad propio de los 90, el Rotor pudo materializar su sueño europeo y peleó por varios títulos de Liga, siendo subcampeón en 1993 y 1997. Pero su momento cumbre tuvo lugar en la Copa de la UEFA 1995/96, cuando el sorteo de primera ronda emparejó a los rusos con el Manchester United.

Sir Alex Ferguson empezaba a escribir su leyenda en los banquillos de la mano de una prometedora generación de canteranos: The Class of ’92. David Beckham, Ryan Giggs, Nick Butt, los hermanos Neville y Paul Scholes tendrían que enfrentarse a la mística de la eterna llama. Por si fuera poco, figuras de la talla de Eric Cantona, Roy Keane y Peter Schmeichel llenaban la plantilla que ganaría la Premier League esa misma temporada. El viaje a Volgogrado parecía un exótico tramite en el este de Europa.

Programa del Rotor Volgogrado - Manchester United. Imagen: @BeckhamTheBook

Volgogrado recibió a los Diablos Rojos el 12 de septiembre de 1995. The Guardian amanecía con un titular que presagiaba una noche europea cómoda para el equipo mancuniano. “El Amanecer Rojo es un buen augurio“, firmaba Cynthia Bateman. 

La reportera presentaba a los lectores ingleses una ciudad llena de vida 50 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, con los bulevares y la rivera del Volga llenos de gente disfrutando de los últimos rayos de sol del verano. 

En lo deportivo, el nombre propio era Oleg Veretennikov. Y es que la estrella del Rotor Volgogrado venía de ser el máximo goleador de Rusia la temporada anterior. Hasta Ferguson reconocía el peligro del delantero.

Y Volgogrado resistió. La ida se cerró con un empate a cero marcado por la lesión de Roy Keane en los visitantes. “Esta es una ciudad que emana una resistencia obstinada. El escenario era impresionante. En un lado, la colosal estatua de la Madre Patria empuñando la espada. En el otro, el Volga entrando silencioso en el Mar Caspio. La eterna llama y el eterno río. Entre ellos, un momento en la historia del United. Un abrir y cerrar de ojos en la historia a gran escala de las cosas que absorbe a los que están involucrados en él”, escribió Cynthia Bateman.

Old Trafford esperaba paciente la vuelta. Un estadio con magia desde que Bobby Charlton creara el apodo de Teatro de los Sueños muchos años antes. Contra todo pronóstico, al gigante le temblaron las piernas. Pasado el cuarto de hora de juego llegarían los dos golpes del Rotor Volgogrado. Primero Niederhaus, en una jugada que comenzó y finalizó él mismo. Después, Veretennikov, con un disparo fuerte desde fuera del área. Fe, confianza y la suerte de que el balón rebotara en el palo hacia dentro para el tanto del máximo artillero ruso. 

Veretennikov (9) y Jounenko (6) celebran un gol del Rotor Volgogrado en Old Trafford. Imagen: Twitter @BeckhamTheBook

Ocho minutos para poner patas arriba el Teatro de los Sueños. “Veretennikov… ¡2-0! Es lo que había venido a hacer”, exclamaba Martin Tyler desde la cabina. El Manchester United nunca había perdido un partido europeo como local hasta entonces. Debían hacer tres goles en la segunda mitad para pasar de ronda y salvar el orgullo.

Gol de Peter Schmeichel en el Manchester United - Rotor Volgogrado. Imagen: @BeckhamTheBook

Un joven Paul Scholes saldría desde el banquillo para recortar distancias. Por desgracia para los locales, el Rotor se defendió hasta el final y llegados a los últimos minutos seguían necesitando dos goles. A la desesperada, el portero Schmeichel subió a rematar un córner. Su cabezazo rebotó en un defensa y cruzó la línea en lo que hoy sería una jugada de VAR. Pero no fue suficiente. No llegó el tercero gol local. El récord seguía vivo pero habían perdido la eliminatoria.

Zidane en Volgogrado

El Rotor Volgogrado venía de firmar la página más improbable y recordada de su historia cuando el sorteo lo emparejó con el Girondins de Burdeos. La moral de los rusos estaba por las nubes y hasta su técnico, Viktor Prokopenko se permitió una salida de tono cuando le preguntaron si los jugadores iban a recibir una prima por eliminar al United. “Sí, Rusia no es un país tan pobre como pensáis“, respondió con rotundidad.

Les esperaba el Girondins, o lo que es lo mismo, un Zinedine Zidane de 23 años que empezaba a despuntar en el fútbol francés. La ida terminó con 2-1 en Burdeos para los locales. Pese a la derrota, el gol de Niederhaus mantuvo con vida al Rotor, que contaba con la ventaja de jugar la vuelta en casa. El Estadio Central de Volgogrado recibió con hostilidad a los franceses. La banda sonora volgogradense pasaba de los silbidos cuando tocaba defender al estruendo cuando los azules tenían el balón. 

El Rotor tenía que hacer un gol para pasar de ronda y repetir la gesta pero esta vez la balanza se decantó para el otro lado. Una pérdida en medio campo seguida de un balón largo a Bancarel y la posterior definición del delantero, dejando en el suelo a un defensa, despertó al conjunto del Volga de su particular sueño europeo. Vendrían más experiencias, incluida una final de la Intertoto, pero difícilmente tan recordadas como la Copa de la UEFA 1995/96

El nuevo orden del fútbol ruso

Los 2000 significaron el inicio del fin para el Rotor. En 2004, uno de los mejores equipos de la década anterior en Rusia descendía a segunda. El descenso provocó su desaparición y posterior refundación gracias a su filial, el Rotor-2. Los tiempos estaban cambiando. Muchos históricos comenzaron a pasar apuros y las distancias entre los grandes y los pequeños se agrandaron, hasta hoy. 

Xane Silveira es el fundador de la web Minuto Ruso. Conoce de primera mano la realidad del fútbol ruso, del que destaca toda la historia y la cultura que lo rodea. “Lo bonito es la historia en torno a los clubes. El Spartak como equipo del pueblo, Dinamo y CSKA más relacionados con lo gubernamental. También la pelea entre San Petesburgo y Moscú, el fútbol en Siberia…”, asegura.

Estadio Central de Volgogrado en 2002. Imagen: rotor-volgograd.ru

La Primera División Rusa está marcada por las diferencias entre unos pocos grandes y el resto. Una situación que se ha agravado en los últimos años. “Está el Zenit, económicamente superior, con el apoyo de GAZPROM, luego CSKA, Spartak o Krasnodar, que todos tienen una empresa o un empresario importante detrás. Después la mayoría dependen de las ayudas públicas. El Zenit se puede dejar 40 millones en Malcom y el Tambov si no recibe el reparto económico del gobierno muere“, relata Xane.

El del Torpedo de Moscú es un caso significativo. Campeón de la liga en la antigua Unión Soviética, ha atravesado dificultades económicas en los últimos años, llegando a descender a la tercera categoría del fútbol ruso. “Fue el que peor lo ha pasado -cuenta Xane-. Tiene una gran historia detrás. Otros como el Alania, el Saturn, han llegado a tener algún pico europeo como el Rotor y lo han pasado mal. Con desapariciones, refundaciones o ciudades que se dividen en dos equipos“.

Los ingresos televisivos, salvación de la mayoría de clubes modestos en otros países, tampoco son comparables a las cifras que se manejan en Inglaterra o España, por lo que las desigualdades se perpetúan. Ni siquiera la renovación del fútbol ruso con motivo de la Copa del Mundo de 2018 tuvo efecto. “En Rusia ha habido mucha polémica, se considera que se han desperdiciado recursos”, asegura Xane. El Rotor, jugando en el faraónico Volgogrado Arena, es la viva imagen de esa gestión. 

Resistir es vivir

Después de 16 años de travesía por el desierto, el Rotor ha vuelto a la máxima categoría del fútbol ruso. Por desgracia para ellos, quedan lejos los tiempos cuando podían soñar con Europa. Hoy es una victoria evitar el descenso directo y tener la opción de disputar el playoff de permanencia ante un conjunto de segunda. Sobre el papel, es la opción más realista para mantener la categoria. 

Oleg Veretennikov, el ‘9’ del Rotor en Old Trafford, terminó siendo el máximo goleador histórico de la Liga Rusa. Hoy todavía conserva ese galardón. En 2005 volvió al Rotor después de haber abandonado el club 6 años antes. La leyenda se subió las medias, se abrochó las botas y volvió a pisar el césped del Estadio Central de Volgogrado, entre el coloso y el Volga. 

El antiguo Estadio Central de Volgogrado, con La Llamada de la Madre Patria al fondo. Imagen: rotor-volgograd.ru

Veretennikov bajó al barro de la segunda división, como reflejo de la obstinada resistencia. Resuenan las miles de voces desde aquel lejano septiembre del 95. Ecos de otros tiempo, memoria de un imposible que atraviesa el ser de una ciudad. Resistir es vivir.

Siendo niño tuve la brillante idea de ser periodista. Y así me va. 

A pesar de los pesares aquí sigo. Intentando seguir las costumbres clásicas de la profesión. Véase consumir whisky y escribir sobre historias que normalmente no entran en la agenda setting. Odio la expresión “no lo verás en los medios”. ¿Dónde lo has leído entonces, ababol?