“Rivalidades crónicas”: religión, política y clases sociales en un campo de fútbol

Rivalidades crónicas, escrito por Jordi Brescó y acompañado por las fotografías de Pau Riera, recoge la historia de diez derbis europeos en los que la religión, la política, la clase social o la mera rivalidad deportiva adquiere un papel protagonista cuando se enfrentan estos equipos. La calidad de este libro ha sido reconocida recientemente al ganar el Premio Nollegiu 2020.

Durante siglos, el ser humano ha tenido esa manía de resolver sus diferencias por medio de la violencia: en la Guerra de los 30 años (1618-1648) se enfrentaron los protestantes contra los católicos, en las dos Guerras Mundiales acontecidas entre 1914 y 1945 vimos una de las expresiones más cruentas de la disputa política y en la Revolución Rusa (1917-1923) hizo acto de presencia el espíritu del pueblo de ser la “clase dominante” sustituyendo al régimen zarista.

Aunque hablemos en pasado, hoy en día siguen existiendo muchos conflictos armados motivados por los mismos factores que originaron estos episodios, pero en los países en los que está asentada la “paz” (permítanme que use con cuidado este término), su campo de batalla no está rodeado por trincheras, sino por personas ataviadas con sus bufandas, banderas, camisetas de un mismo color, que se encuentran sentadas en unas gradas, y donde las personas del sitio donde se disputa esa contienda comprende una mayoría comparada con los visitantes, que ocupan un pequeño sector no de un campo minado, sino de un estadio de fútbol.

Hablo de los derbis y esas rivalidades que hacen que un partido de fútbol no solo signifique que un equipo se quede con tres, uno o ningún punto, sino que sea una exhibición de formas aparentemente antagónicas de entender el deporte rey y el mundo que les rodea.

El derbi, el día grande de la ciudad

La RAE define el término derbi como “encuentro entre dos equipos cuyos aficionados mantienen constante rivalidad, casi siempre por motivos regionales o localistas”. Jordi Brescó, sin embargo, va más allá en Rivalidades crónicas. Gracias a su visita a Sheffield, Estambul, Praga, Génova, Belfast, Glasgow, Nicosia, Hamburgo, Belgrado y Estocolmo, nos cuenta donde está el origen de esos duelos épicos que son capaces de cambiar por completo una ciudad, insisto, por un partido de fútbol.

Y es que, aunque la elección de estos destinos parezcan ser fruto del azar, Brescó explica que buscaban “que hubiera cierto equilibrio, tanto geográfico como en el aspecto temático, que si se trataba el derbi religioso de Galsgow ya no había que buscar la vertiente religiosa en otro sitio, sino la política o la social o la deportiva”.

Por desgracia, la situación sanitaria en la que nos encontramos me impide ir a ver un derbi con Jordi y Pau, por ello, desde Zaragoza, le pregunto al autor en qué sitio le hubiera gustado tener nuestra entrevista: Sandygate Road porque allí fue el primer viaje que hicimos, aparte de Praga, que fue como el piloto”.

Sandygate Road es el campo de fútbol más antiguo del mundo | Imagen: Pinterest.

¿Cómo se gesta este proyecto?

Tuvimos que contactar con las oficinas de turismo para ver si les interesaba el proyecto y en algunas conseguimos alojamiento, dinero para comer. Pero lo primero que hicimos con Pau fue calendarizar todos los derbis de la temporada, ver cuales coincidían, establecer a cuáles nos interesaba ir, en qué estadios y que fuera a principio de temporada, porque te puedes encontrar con un derbi descafeinado a final de temporada.

La experiencia como reportero de viajes me dice que la gracia del viaje es que por mucho que te prepares todo ocurre ahí. Las entrevistas oficiales (jugadores, entrenadores, miembros de gabinetes de comunicación) es algo que tienes que tener gestionado con los clubes antes de viajar. Pero la gracia está en tener los ojos bien abiertos y tener esa capacidad de adaptarte un poco a lo que no esperaba.

Seguro que teníais algunos más en mente (pregunto buscando que me confirme que este proyecto no ha hecho más que empezar) …

Queríamos tener no más de uno por liga y dependía del calendario. Como no teníamos un presupuesto fijo, pues fuimos a donde te diera más facilidades la oficina de turismo. Hubo una decisión de intuición, “me da que nos va a dar más Génova que Verona”. Hay algunos que tenían que estar sí o sí, como Belgrado, Estambul o Glasgow, estos tres son los que mejor se identifican con la idea que está detrás del proyecto. Ciudades que se vuelven locas cuando se juega ese partido. Sobre las otras posiblemente habría otros ejemplos que se podrían haber equiparado. A mí me gustaba mucho el derbi de Mostard, en Bosnia, porque hay una rivalidad muy fuerte ligada a la herencia de la guerra, pero queríamos que entrara Belgrado sí o sí y el tema Balcanes estaba ya tocado.

Tengo la sensación de que en el caso de España el resto de rivalidades son la mayoría geográficas.

Hay que tener en cuenta que la mayoría de los derbis españoles son regionales, no locales. Es más fácil encontrar el motivo de una rivalidad cuando se enfrentan dos pueblos o dos núcleos urbanos. Cuando es una misma ciudad se difumina mucho más todo y es donde es más difícil encontrar el motivo real detrás de la rivalidad, que por otra parte puede ser meramente deportiva. Por ejemplo, en un Barça-Madrid la rivalidad ya no es tanto por la independencia contra el modelo estatal, sino por si gana uno o el otro.

El derbi de Glasgow entre el Celtic y el Rangers tiene cierta connotación política, pero es famoso por la implicación religiosa entre católicos y protestantes | Imagen: Pau Riera.

Todas esas razones por las que surgen estas rivalidades han ido virando hacia lo puramente deportivo, aunque, paradójicamente, cuando llega el día del derbi, esos aficionados recuperan esas razones por las cuales se identifican con el club, aunque realmente no terminen creyendo en ellas. Un aficionado del Celtic el día del partido contra el Rangers se vuelve más católico aún, aunque puede que entresemana no lo sea tanto.

¿Crees que alguna de estas rivalidades tiene solución?

Yo lo que veo es que por mucho que algunos te digan que no, puede existir esa alegría por el vecino. Tú quieres que tu ciudad tenga reconocimiento. El Sheffield Wednesday felicitó al Sheffield United por su ascenso a la Premier. Entiendo que exista ese sentimiento de orgullo por tu ciudad.

En los casos en los que depende de una cuestión política lo veo más complicado, pero en cuestiones como la religión veo más fácil que esas diferencias se difuminen y se acerquen, no que se hermanen.

Un libro de viajes distintos

Para entender como está enfocado este libro, es importante tener en cuenta que Jordi Brescó es un “periodista de viajes” (disculpen de nuevo mi falta de precisión a la hora de referirme a este concepto), siendo redactor de Altaïr Magazine. “El objetivo del libro es que sea tanto una reflexión asociada al fútbol como una guía de viajes al uso. En lugar de encarar los sitios a través de la música o de la gastronomía lo hacemos a través de rivalidades deportivas”.

Jordi Brescó (a la izquierda) a través del texto y Pau Riera con sus impresionantes fotografías han conseguido que en "Rivalidades crónicas" el lector crea que está viajando | Imagen: Valentí Enrich, Sport

Esto también fue algo relevante a la hora de elegir las ciudades que iban a aparecer en el libro, tal y como Brescó explica tan acertadamente: “Menos Estambul, todas las ciudades son visitables en tres o cuatro días, porque uno de los grandes problemas que tiene el periodismo de viajes es el “efecto paracaidista”, que ves cuatro cosas y te crees que ya tienes autoridad para hablar de todo de la ciudad, y eso es arriesgado. Mucha gente lo hace no porque quiera, sino por recursos, pero yo quería volver de cada ciudad y tener la seguridad de no estar siendo un caradura. En Estambul hicimos 22 kilómetros de media andando”.

Hamburgo y Madrid, Sankt Pauli y Rayo Vallecano

Quizás el caso del Sankt Pauli sea un buen ejemplo de una rivalidad en la que la identidad del club con su barrio prevalezca más que el éxito deportivo en comparación con el Hamburgo.

Sobre todo por el caso del Sankt Pauli porque es un caso extraordinario. Unos aficionados nos dijeron que preferían estar en segunda, que ahí se lo pasaban bien.

Es un calco del Rayo Vallecano.

Y también te diría por su localización dentro de una gran ciudad. Porque es verdad que Sankt Pauli es muy céntrico y Vallecas es una zona que no ha sido nunca vista por parte de las autoridades como algo primordial, en lo que invertir. Tienen este orgullo de barrio que les hace muy fuertes y claramente el Sankt Pauli español es el Rayo.

Los ultras como protagonistas en el derbi

El grupo Decibelios, en su canción “Local 15, visitante 0”, cantaba “¿Qué importa el partido si en las gradas hay color, alcohol y borrachera, pelea y discusión? El mejor siempre será el equipo local”.

Este estribillo podría resumir lo que representan los ultras en algo tan importante para los aficionados de un equipo de fútbol como es ganar la guerra en la grada en un día de derbi. Sin embargo, Jordi señala como este colectivo ha sido mal explicado por el periodismo: “Si superas esta barrera (explicar con honestidad como vas a abordar el tema) se muestran más colaborativos porque ven una forma de explicarse. Son un colectivo históricamente muy mal explicado. Fui con ese enfoque a hablar con un nazi declarado. Si te fijas nunca hablamos con un ultra un día de partido. Por eso especifico la diferencia entre el ultra y el hooligan: el ultra se mueve por la pasión hacia su equipo y el hooligan tiene su razón de ser en la violencia”.

En el capítulo de Belgrado me llegué a angustiar…

En Belgrado sentí miedo, sin paliativos. Más que nada porque la presencia periodística era nula y por la sensación de peligro cuando más policía hay. Belgrado es una locura, no creo que vea nada igual en términos de locura bien y mal entendida.

A lo largo del libro explicáis algunas medidas que se han tomado en esas ciudades para tratar con los aficionados, ¿crees que son realmente útiles?

El derbi de Belgrado entre el Estrella Roja y el Partizan es uno de los partidos más calientes y peligrosos de toda Europa | Imagen: Pau Riera

La de Nicosia (carné identificativo de ultra) para mí no lo es, porque criminaliza al ultra, e insisto en que no todos entran en el mismo saco y te garantizo que el derbi de Nicosia era una cosa aburridísima sin los ultras. Esta medida se puso en Italia y la tuvieron que retirar porque se dieron cuenta de que sin los ultras no era lo mismo.

Para mí la esa figura de ese conector entre el entorno ultra y el club que se da en Suecia es una idea buena si las personas que hacen esto entienden bien al colectivo ultra, han salido de ahí. El club y el ultra quieren lo mismo, lo mejor para el equipo, en ese sentido hay posibilidades de que no vayan por separado.

Antes de buscar según que medidas hay que tener claro que se tolera y que no se tolera y confiar en la autogestión del grupo ultra, que ellos mismos determinen que se tolera y que no, y ahí el club tiene poco que decir.

Tanto en el caso del Sankt Pauli y del Omonia de Nicosia, sus ultras están enfrentados con sus directivas y han optado o bien por animar a otro equipo de categoría inferior o por fundar su propio club. Esto me recuerda a los casos de equipos que desaparecen y se refundan dos equipos, como pasa en Logroño o en Salamanca.

Para mí los clubes de accionariado popular parten de la base más primordial por la que nació el fútbol, y es que el fútbol es de sus gentes. Para mi volver a la esencia es una magnífica noticia, porque los clubes se comportan cada vez más como empresas y con lo cual se desarraigan del contexto social, político, cultural, económico en el que nacieron. A mí me da que esos enfrentamientos entre afición y directiva irán a más. Me da la sensación de que la gente que lleva los clubes tiene un perfil de persona de escuela de dirección de empresas que un perfil más ligado a la esencia del fútbol, y el hecho de que se comporten cada vez más como empresas y se alejen de sus contextos, eso solo puede acarrear problemas directos o una falta de interés sobre lo que haga el equipo en cuestión.

Lo irracional de la elección de un equipo

Mientras leía Rivalidades crónicas, me fue inevitable posicionarme a favor de un equipo u otro, a veces por cuestiones ideológicas o a veces por gustos meramente deportivos. Y es que estas elecciones no atienden a un motivo racional. Se puede ser una persona de izquierdas y preferir a la Lazio antes que a la Roma, o simplemente preferir al Rangers al Celtic por el paso de Gatusso por el conjunto azul de Glasgow.

¿Crees que con estas historias que habéis contado tanto tú como Pau hay gente que se ha hecho de alguno de los equipos mencionados?

Derbis como el de Estambul entre el Galatasaray y el Fenerbahçe tienen sus orígenes en la diferencia entre a élite y el pueblo | Imagen: Pau Riera.

Tengo la esperanza de que se haya creado un vínculo con los clubes protagonistas, pero sí me han dicho, y era una de las intenciones, intentar desestigmatizar el fútbol como un juego de borregos. También al plantearlo como una guía de viajes la idea era que el libro llegara a gente que el fútbol le da igual, y creo que se ha conseguido que la gente vea el fútbol desde otro punto de vista. Aunque a mí no me guste el arte contemporánea o la música rock, que no es el caso, yo no puedo negar la influencia de los Beatles en la Europa de los 70. En algunas de las ciudades a las que viajamos el fútbol es elemento más importante para saber cómo es esa ciudad.

Hemos conseguido que muchas personas entiendan que, aunque no te guste el juego su dimensión social es innegable y no querer comprenderlo es restar tu capacidad de comprensión de un sitio.

Las razones por las que se es de un equipo se basan en cosas banales, como los colores.

No estoy hecho para ser un aficionado de salón, mi ecosistema es la grada.

Me invitaron a dejar el tenis, la natación, el judo, el baloncesto y el fútbol, por lo que deduje que mi sitio en un estadio era en la cabina de prensa, de ahí no conseguirán sacarme tan fácilmente…