Poder, querer y saber jugar a fútbol

Hace tiempo que el fútbol dejó de ser un deporte de hombres. Cada vez más equipos femeninos nacen en nuestro país. Sin embargo, a pesar de los avances, las desigualdades siguen presentes en el campo y fuera de él.

 

Ser mujer significa tener que hacer un esfuerzo doble (incluso triple) en todo a lo que te dediques. Significa tener que demostrar tu capacidad de saber hacer algo igual que un hombre. No solo en el trabajo, estudios y otros tantos ámbitos, sino también, cómo no, en el deporte. Especialmente -y no sorprende a nadie- en el fútbol.

Cuando tenía unos 8 años, un grupo de compañeras de clase y yo decidimos que queríamos jugar a fútbol. Queríamos jugar sin tener que compartir equipo con los chicos. Queríamos jugar porque nos gustaba. También era nuestro deporte. El primer equipo de fútbol femenino (y casi último) de mi colegio estaba en marcha.

Sin embargo, las desigualdades, aunque involuntarias, eran evidentes. Por lo menos en nuestra ciudad, apenas hay equipos exclusivamente de chicas y, si hay, la mayoría surgen en pueblos. Los chicos, por un lado, jugaban a horas razonables en sitios razonables (colegios o clubs cercanos). Nosotras, por otro, muchos sábados nos levantábamos a horas intempestivas para jugar un partido a dos horas de nuestra casa. No nos quejábamos. En cualquier caso, podíamos jugar.

Elena jugando al fútbol en su colegio. | Imagen: Elena Álvarez

"No vende, no me vale, no es lo mismo"

Pasó el tiempo, y mi trayectoria futbolística me llevo por caminos que no esperaba, plantándome un día en un campo de la Federación para jugar con el actual Zaragoza CFF (en mi época, Club Deportivo Transportes Alcaine). Cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que no había tanta diferencia con el fútbol intercolegial. Incluso en el primer equipo, ¿cómo podía haber tanta diferencia entre el masculino y femenino?

Típica excusa: “no vende”. No me vale. Además de tener que hacer un sobresfuerzo, someternos a una presión mayor, vivir la constante comparación con el fútbol masculino, tendrán valor de decir que no vende. Además de soportar la infravaloración, los prejuicios, los “no es lo mismo”, los “tienen menos fuerza, tienen menos masa muscular”. Tendrán valor de decir que no vende.

“No vende” pero no paran de nacer nuevos equipos femeninos. “No vende” pero los estadios se llenan (hablamos de la época pre-covid) cada vez más. “No vende” pero las redes mueven jugadas, referentes y partidos femeninos. Tal vez la venta no sea equiparable a los conjuntos masculinos, pero para vender algo, antes hay que querer hacerlo. Tanto como nosotras queremos jugar a fútbol.

Elena, en su etapa como jugadora del Transportes Alcaine (actual Zaragoza CFF). | Imagen: Elena Álvarez

El terreno por conquistar del deporte femenino

Junto a todo lo anterior, se encuentran los sueldos de las jugadoras. Ellas que, en la ilusión de cumplir un sueño, han llegado a primera división, se encuentran con (¡qué raro!) unos salarios que no pueden compararse con el estilo de vida de un jugador de fútbol -masculino- profesional. Ni se te pase por la cabeza poder vivir de este deporte siendo mujer. Al menos en nuestro país.

No quiero renegar de los pasos agigantados a los que estamos avanzando, pero tampoco me apetece vivir en una utopía todavía inexistente y, de momento, inalcanzable. Sí, las cosas están cambiando. Y sí, como en todo lo referido a la igualdad de la mujer, queda un gran camino.

Solo me gustaría ver que, en unos años, las niñas tienen referentes mujeres futbolistas. Me gustaría que se llenaran los estadios sin importar qué género juegue. Me gustaría que hubiera que pagar una entrada superior a un mísero euro para ver uno de sus partidos. Me gustaría ver un aumento de su sueldo.

Y, sobre todo, me gustaría que no se dudara de que las chicas que juegan al fútbol saben jugar a fútbol. Porque no sabéis el ridículo que se siente cuando, tras haber comentado mi experiencia en este deporte, un tío te vea jugar un partido y te diga, al final: “anda, sabía que estabas en un equipo, pero no pensaba que supieras jugar a fútbol.” ¿Con qué cara me quedo?

Fundadora de Malhabladas.

Me gusta el cine y la literatura. A veces escribo poesía. Mi filosofía es que a cada sitio al que vayas tienes que llevar ganas de pasártelo bien.