Juegos Olímpicos y mujer: de coronar al vencedor a conseguir más medallas que los hombres

Noelia Amorós ofrece un resumen del paso de la mujer por los Juegos Olímpicos, una historia marcada por la injusticia y la falta de valoración. El deporte le hizo adentrarse el el mundo de la comunicación, en particular el patinaje artístico, de ahí su especial sensibilidad por el deporte minoritario.

 

 

Pierre de Coubertin, fundador de las Olimpiadas Modernas, en su inicio manifestaba un rechazo absoluto hacia la participación de la mujer en el deporte, indicando firmemente que: “Las mujeres solo tienen una función en el deporte, coronar al vencedor con las guirnaldas del triunfo“.

El deporte no estaba pensado para las mujeres, ni como deportistas ni espectadoras. La presencia femenina no llegó hasta 1900 en los Juegos Olímpicos de Paris donde participaron 22 mujeres de un total 997 participantes, únicamente en las disciplinas de golf y tenis. Además, su incorporación se hizo desde una perspectiva del modelo masculino, por lo que los logros del deporte femenino han sido difíciles de reconocer ya que siempre se juzgaban en comparación a los parámetros del hombre.

Competición de los 100 metros lisos femenino en los Juegos Olímpicos de Amsterdam, la primera vez que participaba la mujer en esta disciplina | Imagen: Pikara Magazine

Si analizamos la representación femenina en los Juegos Olímpicos, podemos observar cómo las mujeres han conseguido hacerse un hueco en el mundo del deporte. En los Juegos de 1928, en Ámsterdam, fue donde finalmente tuvieron lugar los verdaderos comienzos olímpicos de las mujeres. Participaron cerca de 300 deportistas, casi el 10% del total, y pudieron participar en el deporte rey del momento: el atletismo.

Pocos años antes, en 1922, Alice Millat fundó la Federación de Sociedades Femeninas de Francia y organizó la Federación Internacional Deportiva Femenina. La deportista, no satisfecha, como es lógico, con la participación de los Juegos de Amsterdam decidió realizar, en 1930 y 1934, los Juegos Mundiales Femeninos en Praga y Londres respectivamente, dejando al descubierto que la competición entre mujeres no era algo ridículo.

La participación de las mujeres en las olimpiadas fue en aumento hasta llegar al 35% de los participantes y normalizar su presencia en los Juegos Olímpicos de Atlanta. En Barcelona 92 se triplicó su presencia respecto a las ediciones anteriores. Años más tarde, tanto en Londres 2012, donde todos los países tuvieron alguna mujer compitiendo bajo su bandera, como en Rio 2016, en el caso español, fueron las mujeres quienes aportaron más galardones al medallero que los hombres, algo que no se ve reflejado en su día a día.

Inestabilidad salarial, escasa cobertura en los medios de comunicación, desigualdad en las ayudas o clausulas inmorales en sus contratos son solo algunas de las dificultades a las que se enfrentan continuamente. Para tratar de cambiar esta situación, era el año pasado, cuando las futbolistas españolas daban un paso agigantado en la lucha por la consideración y visibilidad del deporte femenino: el Centro Superior de Deportes (CSD) declaraba liga profesional a la Primera Iberdrola.

Fue en el año 2012 cuando todos los países participantes contaron con una mujer bajo su bandera | Imagen: El País

La realidad actual en España es que la ley del Deporte de 1990 solo establece tres competiciones profesionales en el país: Primera y Segunda División de fútbol y la Liga ACB de baloncesto, todas ellas masculinas. Esta ley dice que para considerarse una liga profesional se deben cumplir dos requisitos: la existencia de relaciones laborales y la importancia y dimensión económica de la competición. Con un convenio colectivo y la firma de un contrato, por parte de la mayoría de los clubes, con Mediapro la liga femenina, finalmente, se convierte en profesional a partir de la temporada 21-22. Un hito que cambia la historia del fútbol femenino en España.

Desde sus inicios el deporte exalta los valores de la competitividad, la agresividad, el movimiento y la fuerza, algo que no comparten los valores femeninos impuestos en nuestra sociedad. Pues decía Pilar Calvo, secretaria general de la Asociación para Mujeres en el Deporte Profesional (AMDP), que “el deporte es un fiel reflejo de la sociedad y la discriminación que existe en ella es mucho más evidente dentro de él”. Una frase para reflexionar.

Más de 100 años después del inicio de las Olimpiadas Modernas, las mujeres han conseguido abarcar un pequeño papel en el mundo del deporte. Miriam, Lydia, Garbiñe, Ona, Almudena o Laia, han demostrado que el deporte en España no es solo cosa de hombres, y que a pesar del potencial del deporte femenino, es un mundo donde aún quedan muchos pasos por alcanzar.

Fue en el año 2012 cuando todos los países participantes contaron con una mujer bajo su bandera | Imagen: El País

El deporte me hizo adentrarme el el mundo de la comunicación, en particular el patinaje artístico, por ello mi especial sensibilidad hacia el deporte minoritario. Y por supuesto, hacia el deporte femenino, dada la injusticia que muchas veces se da en las mujeres deportistas y su escasa valoración.

Constancia y responsabilidad son dos palabras con las que me identifico especialmente y ,como no, gracias al deporte.