'Una forma de permanencia': Racing, Santander, fútbol y vida

Un club histórico en uno de sus peores momentos. Un equipo que vivió la gloria europea y ahora compite en la tercera categoría del fútbol español. Marta San Miguel cuenta en 'Una forma de permanencia' qué es el Racing, cómo se vive en Santander y por qué es mucho más que once futbolistas detrás de una pelota.

Me fijaba en los coches porque los coches tenían expresión. Su cara contaba cosas. Cuando viajábamos, me asomaba a la luna trasera del R-5, y aunque fuera en sentido inverso de la marcha, nunca me mareaba: el mareo es la forma que tiene la naturaleza de obligarte a mirar solo hacia delante cuando te haces mayor. 

Extracto de Una forma de permanencia, de Marta San Miguel.

Durante muchos años, el Racing de Santander era un fijo en la quiniela. Uno de esos diez o doce equipos que siempre jugaban en la máxima categoría del fútbol profesional. Una equipación reconocible, un Sardinero familiar a cualquier aficionado y míticos jugadores que siempre completaban la colección de cromos. Los Colsa, Zigic, Toño o Garay entraban en las conversaciones del patio del recreo y en las tertulias de análisis de cualquier televisión. Eran otros tiempos.

Tras codearse con los mejores de Europa, el Racing sobrevive ahora en Segunda División B en busca de su identidad. Un colapso por éxito que ha supuesto una reestructuración y que ha devuelto el fútbol a la ciudad de Santander, arrebatando lo propio a jeques y estrellitas que cobraron mucho y rindieron poco. Eso es Una forma de permanencia.

Marta San Miguel fue una de esas racinguistas que soñó en París y sufrió en cada descenso. Su libro es una radiografía de Cantabria y una reflexión sobre lo que es el Racing. Porque Santander no se entiende sin su equipo de fútbol y este equipo de fútbol no se entiende en otra ciudad. Hay en este Hooligans Ilustradas recuerdos de porterías, balones y césped; de victorias y derrotas; de partidos para la memoria y partidos para olvidar. Pero en Una forma de permanencia hay mucha más vida que fútbol.

Colsa y su gol al PSG descansan en la memoria racinguista | Fuente: UEFA

Racing de Santander, un histórico en horas bajas

El ‘Dúo Sacapuntas’ fue aquella pareja mítica que vapuleó redes rivales con la táctica más simple de la historia de este deporte. Un jugador grande bajaba el balón al suelo y el pequeño, mucho más veloz, buscaba el momento en el que disparar o devolver la pelota a su gigante compañero. Así, Zigic y Munitis terminaban las jugadas fundidos en un abrazo: el santanderino abrazaba el vientre del serbio, que acariciaba su calva.

El Racing se siente en cada página como uno de los pilares de Santander. Las anécdotas sobre ser reconocido por el equipo se hacen más palpables con la entidad de la capital cántabra. Cuesta creer que alguien en Santander no sea del Racing: no es por pasión o por afición futbolística, es por el sentimiento de posesión. El equipo es de la ciudad y del santanderino.

 

No hay pareja más mítica que la formada por Zigic y Munitis
Zigic y Munitis formaron un dúo mítico en la Liga Española. | Fuente: Twitter

En estos últimos años de historia del Racing de Santander se ven los caminos del éxito, los días del triunfo y el largo declive. Una situación que vivieron muchos clubes pero que al de Marta San Miguel, como icono cántabro, le ha costado el prestigio y el respeto acumulado durante los años. Las categorías del fútbol semiprofesional tienen eso: un equipo con un estadio que puede alojar a más de veinte mil personas juega contra equipos cuyos municipios enteros cabrían en El Sardinero.

Cada fin de semana, el Racing juega contra sí mismo. En la Segunda División B, es Goliat cada día de partido. El rival que batir, el equipo odiado, la razón de una temporada. Ganar es obligatorio, volver a la élite es necesario. No debemos acostumbraros a no tener al Racing de Santander en lo más alto del fútbol español.

Un equipo para una ciudad

Leer Una forma de permanencia se convierte en un viaje por Cantabria o el repaso a una guía turística poco antes de subir al coche. En sus páginas, San Miguel convierte el libro en una carta de amor a su ciudad, en un homenaje a Santander a través de una eterna muestra de cariño.

Cada página destila un sentimiento inalterable desde la niñez y que se concibe hoy de una manera diferente. Del sueño a triunfar en el campo a la realidad de acudir al campo solo dista la madurez. En esa madurez, Marta San Miguel ha conseguido comprender lo qué es el Racing para ella y para todo Santander. En esa madurez, Una forma de permanencia funciona como las memorias de un equipo que recuerda lo que fue, sufre con lo que es y aspira a un exitoso “seré”. El tiempo, la gestión y la afición, fundamental para el club, marcarán lo que el Racing de Santander consiga en los próximos años.

Carreteras secundarias, el mapa de la ciudad que es una mano en el pecho o la feria que movieron tantas veces que siempre estaba en el sitio adecuado. La biografía de Marta, sus experiencias futbolísticas, sus experiencias personales y sus aventuras por Cantabria casan con los domingos de carruseles, el fútbol en la radio y la visita al estadio del Sardinero. No puede haber nada más bonito para un aficionado que su vida, en momentos importantes, coincida con la historia de su equipo.

MARTA SAN MIGUEL: “EN SANTANDER, TODO LO QUE TE PASA TIENE VÍNCULO CON EL RACING”

Marta San Miguel es aficionada al Racing de Santander

Marta San Miguel dejó de jugar al fútbol en esa maldita edad en la que el género cuenta más que la calidad con el balón. Licenciada en Periodismo por la Universidad de Navarra, lleva ligada a El Diario Montañés desde 2003. Siempre cercana a la sección de Cultura, su única participación en el periodismo deportivo fue una tertulia en la que analizaba las categorías regionales cántabras. Destino o casualidad, vida o amor, aquella temporada analizó los partidos de su marido y padre de sus hijos. Unos niños, locos por el fútbol como toda la familia, que dan por concluida la entrevista al colarse en el despacho de su madre. 

¿Cómo surgió la idea del libro?

Yo trabajaba en la sección de Cultura de El Diario Montañés. En un especial sobre fútbol y literatura, yo les propuse hacer una entrevista a Emilio Sánchez Mediavilla, uno de los editores de Libros del K.O. En una de las preguntas, hablamos de cuándo una mujer iba a escribir un Hooligans Ilustrados. Él me dijo: “Cuando Marta San Miguel me diga que sí”. Hicimos algo de broma, pero él comentó que hablaba en serio. Al cabo de un par de años, volvió a la carga. Yo pensaba que me seguía vacilando…

Emilio sabía el vínculo que tenía con el equipo de fútbol. El Racing aquí es de todos, te guste o no el deporte. Es una ciudad tan pequeña y el peso ha sido tan social que todo lo que te ha pasado, seas o no futbolero, tiene algún vínculo con el Racing. Emilio vio el libro antes de que yo asumiese que podía contar algo. Al final una de las bromas me la tomé en serio. ¡Y mira!

Se nota que es un libro que escribió de manera seguida…

Los primeros tres o cuatro capítulos me salieron del tirón. Y seguir también fue muy fácil. Yo no quería escribir un libro sobre la historia del Racing, porque ya los hay. Yo quería escribir la memoria emocional que nos pertenece a todos.

Es un sentimiento metido en la ciudad. ¿Todos los santanderinos viven igual con el Racing?

Creo que no. En el libro solo está mi visión, la mía personal. Creo que el texto funciona como espejo: si yo cuento la anécdota del coche y la radio o la de las ferias junto al estadio, muchas generaciones han vivido esa situación. Yo cuento esa experiencia y cada uno ve la suya propia, a través de esa imagen creada. Todo el mundo tiene una anécdota que lo vincula a lo que se cuenta. Lectores me han dicho que el libro ha hecho que sus emociones personales se despierten. El deporte es un gran teatro en el que se puede hablar de todos los sentimientos humanos. Todos cabemos ahí.

Sin embargo, usted comienza el libro contando que, en un momento, ya no cabía en el fútbol. ¿Cómo era para aquella generación de mujeres ser “expulsadas” del campo?

No me atrevería a decir que nos echaban del campo. Creo que, en todos los apartados de la sociedad y en cualquier orden, había sitios en los que no nos expulsaban, sino que directamente no estábamos.

El patio del colegio es el lugar en el que uno ensaya lo que va a ser en la vida. Yo siempre jugué al fútbol. Pero pasó que, cuando una se hace mujer y las prioridades cambian, todo entra en colisión. Los compañeros del colegio, que es una relación desde los tres o cuatro años, te tratan de forma diferente, porque las hormonas hacen su trabajo. Utilicé eso para definir como el juego, como forma de aprendizaje, está dentro de cada uno.

Ahora que usted tiene dos hijos, ¿cree que las chicas de su generación seguirán viviendo este tipo de experiencias?

No sé qué mundo se van a encontrar. Sí sé que la sociedad ha cambiado muchísimo en muy poco tiempo y que se habla de igualdad con más naturalidad. La presencia de la mujer está cada vez más normalizada en todos los ámbitos. Pero, mientras sigamos hablando de la mujer como algo extraordinaria, esa normalización no habrá llegado. Por lo menos para mí.

Estamos en un momento en el que toda la sociedad se ha dado cuenta de que la mujer ha sido especializada. Es el momento. Ahora vemos un especial de un periódico sin mujeres y resulta raro. Esa normalización llegará cuando no sea necesario contar cuántas mujeres participan en ello.

Marta San Miguel en el campo del Racing de Santander
Marta San Miguel posa en El Sardinero | Fuente: El Diario Montañés

Volviendo un poco al Racing. Tiene un símil con muchos equipos: el éxito, jugando competiciones europeas; y la caída. Durante esa etapa en Europa, usted comenta que ya había aficionados que notaban que las cosas iban mal, que había algo detrás.

Es fácil hablar desde el después. Las cuentas no encajaban, pero mientras los resultados funcionasen, parecía que todo valía. Luego se demostró que no. Al final, ha pasado lo que ha pasado, con el equipo en una situación muy delicada y salvado gracias a los socios y a racinguistas ilustres. Será la justicia la que tenga que poner en su sitio a los responsables.

Habla mucho de las leyendas del Racing, ¿se considera nostálgica?

Creo que tuve la suerte de vivir un gran momento del periodismo y del Racing. Fue una confluencia de factores, todo previo a la gran crisis económica. Se abrían medios todos los días, había gominola, fantasía y confeti. Estaba rodeada de compañeros de mi generación y de veteranos que nos enseñaban. Se vivía la actualidad de otra manera, de una forma mucho más cercana. Fue una burbuja que se desinfló.

Sin embargo, usted nunca estuvo en la sección de deportes.

Te voy a confesar: estando de prácticas yo tenía más ganas de escribir que un adolescente de ir de fiesta. Escribí en todas las secciones. También, durante un tiempo, abrieron en la televisión del periódico un programa de deportes. Me animaron a ir, a presentar en la mesa. En esa inconsciencia admití y estuve varios meses hablando de fútbol regional.

Era muy gracioso porque mi pareja jugaba en Preferente y me tocaba hacer un repaso de su categoría. Fue una manera de juguetear con el periodismo deportivo, pero nunca me he dedicado profesionalmente a ello.

¿Qué es lo primero que le viene a la mente al pensar en el Racing de Santander?

Mi padre. Mi padre y la radio. Porque los tiempos los medían los partidos. Es mi padre.

¿Sus hijos también han ido al campo?

Por supuesto, han ido con mis suegros. Como trabajábamos el fin de semana, se iba con ellos. Con babero y gorrito del Racing.

El racinguismo vive ahora otra situación porque es muy fácil crear vínculos con Preciado, Setién o la tribu de los rusos. Generarlo ahora, con equipos llenos de estrellas y grandes fichajes… Los niños miran más a ese lado. Pero creo que la afición del Racing le tiene cariño, constancia y fe al equipo. La fidelidad emocional que existe pone los pelos de punta.

En momentos malos, a los niños solo les queda el escudo.

Sí, y que su madre les lee cada noche un capítulo de un libro que se llama Una forma de permanencia. Me gusta que no pierdan ese vínculo en el equipo, porque forma parte de lo que somos como sociedad.

Cuando entré en la universidad me dijeron que los tres vicios que siempre acompañan al periodista son el café, el tabaco y el alcohol. El primero me sienta mal, el segundo me llevaría pronto a la muerte y del tercero mejor no hablar.

Sigo creyendo que el periodismo es el oficio más hermoso del mundo.