Mike Tyson: la verdad del hombre más peligroso del mundo

Los boxeadores mantienen siempre un halo misterioso. Por mucho que se les observe, nunca se llega a adivinar lo que pasa dentro de su cabeza. El caso de Mike Tyson no es diferente. Su barrio, sus combates en el ring, su meteórica carrera y su enorme caída definen lo que es hoy. Una leyenda, el último gran mito del boxeo. Tyson, con tatuaje y barba, sigue siendo el hombre más peligroso del mundo.

Mike Tyson luce su tribal y su barba blanca con orgullo

El traje crema lucha por no estallar. La americana no entiende como un cuerpo de menos de metro ochenta puede superar, de forma holgada, los cien kilos. Mike Tyson se pelea con las mangas, intentando disimular el nerviosismo que emana. La camisa azul cielo deja ver su potente pecho gracias a sus tres primeros botones sin abrochar. Tras ganar la guerra por la postura, un nuevo frente se le abre al excampeón mundial más joven de la historia de los pesos pesados: la camisa ya es de un color oscuro por culpa del sudor. Saca un pañuelo y, más alterado que en cualquiera de sus combates en el ring, seca su calva, su cuello, su cara y su pecho. En ese orden.

Su hablar atropellado es imposible de seguir. Tyson afirma que habla mal por la zona en la que se crio, que todos en su barrio hablan igual de mal y que aquel que no le entienda, que se aguante. Dejó de volver al barrio cuando un amigo le dijo que aprovechase la vida de blanco, a la que solo él podía aspirar. Una zona difícil, cargada de gente con problemas, con pobreza y con violencia. Una violencia, por cierto, que el propio Mike utilizó con un basurero: si tienen la oportunidad, pregúntenle al campeón por la muerte de su primera mascota

Mike Tyson al inicio de su carrera
Durante mucho tiempo, todos temían a Mike Tyson. Imagen: Pinterest

A sus 54 años, poco queda de ‘Iron Mike’. La vista se va del tribal de su ojo izquierdo a su espesa barba blanca. Tyson repite hasta la saciedad que se hizo el tatuaje porque quiso, como el que necesita convencerse a sí mismo antes que a los demás. Las canas son el símbolo de la madurez del más precoz de los boxeadores campeones. Como todos los que se subieron al ring, mantiene manos curtidas, cuerpo hinchado y un gesto eterno de desconfianza. Los movimientos, aquellos que un día no se podían seguir con los ojos, son lentos, pensados. Hay en sus brazos y en su mirada un recuerdo eterno a lo que un día fue y a lo que no será.

En esa lucha que le plantea al tiempo, Mike Tyson ha vuelto a hacer sonar la campana. Hace unos meses peleó con Roy Jones Jr. en un combate con más cariño que boxeo. En este 2021, en el que Estados Unidos permite asistencia de público a los eventos deportivos, ‘El hombre más malo del planeta’ cerrará su trilogía con Evander Holyfield. Después de caer derrotado en las dos anteriores ocasiones –recordarán seguro el episodio del mordisco-, Mike quiere vencer justo antes de colgar los guantes. Un propósito complicado, pues Holyfield mantiene la misma figura que cuando dejó el profesionalismo.

El mayor mito de la historia moderna del boxeo, solo por detrás de Muhammad Ali, es un hombre que por fin ha encontrado su espacio en el mundo. Una persona que afirma huir de las polémicas y de los enfrentamientos, mientras se declara defensor de la marihuana o critica en los medios a cualquier profesional de su deporte. Del joven que conquistó el planeta, que paseaba con tigres o pasaba temporadas en prisión no queda mucho. El cuerpo está castigado, sus tatuajes -MIKE, El Che, Mao y el tribal- ya están borrosos y el tono de voz, agudo, que ni entonces ni ahora se adecúa a su cuerpo. Del joven que conquistó el cinturón de campeón mundial de los pesos pesados solo queda la mirada. Que no es poco. 

Cuando entré en la universidad me dijeron que los tres vicios que siempre acompañan al periodista son el café, el tabaco y el alcohol. El primero me sienta mal, el segundo me llevaría pronto a la muerte y del tercero mejor no hablar.

Sigo creyendo que el periodismo es el oficio más hermoso del mundo.