Un constante desafío a la lógica

Tras combatir en la Batalla de las Ardenas, Lloyd Mangrum se convirtió en una leyenda del golf. Una historia sobre sangre fría, tanto en las trincheras como delante del hoyo.

“El golf es el único deporte donde el jugador paga cada error. Cada golpe va en tu contra” – Lloyd Mangrum

A nadie le pilla por sorpresa que el deporte y la guerra comparten vocabulario. Basta con echar un vistazo a las crónicas de la prensa deportiva. En cierto modo da sentido al dicho popular que se refiere al deporte como la guerra del hombre en tiempos de paz. Vivir en calma ha conseguido que perdamos de vista esa similitud pero hubo una generación de deportistas que tuvo que estar en el campo de juego y en el frente de batalla.

En diciembre de 1944, más de 400.000 soldados fueron llamados a filas en el bando aliado para combatir en la Batalla de las Ardenas. En su mayoría rostros anónimos, estadounidenses y europeos. Entre esos cientos de miles estaba Lloyd Mangrum. Por entonces un prometedor golfista al que la guerra había obligado a dejar de lado su deporte.

Lloyd Mangrum recibe el US Open de golf. Imagen: Pinterest

La experiencia bélica de Mangrum se escribió primero en Normandía. Estuvo en la playa de Omaha durante el día D y se rompió el brazo. Sin tiempo de recuperarse, el ritmo de la contienda le obligó a viajar a las Ardenas. Fue herido de bala en el brazo y en una pierna.

Su labor en las fuerzas armadas le sirvió para ser condecorado con 2 estrellas de bronce, 2 de plata y 2 corazones púrpuras. A base de heridas se iba forjando la personalidad de Mr Icicle, como se le apodaría posteriormente por su sangre fría en los campos de golf.

Tras la guerra pudo retomar el golf. En 1946 fue campeón del US Open y del abierto de Argentina. Los años siguientes añadiría a su palmarés el Campeonato del mundo de Golf (1948), además de otros títulos nacionales dentro de Estados Unidos. En 1952 se alzó con el abierto de Filipinas. Donde hace unos años estaba en juego el destino de los Estados Unidos y el mundo occidental, ahora se agrandaba su figura.

La vida de Lloyd Mangrum tenía el guion de una película. Suponía el constante desafío a la lógica, hasta que todo cayó por su propio peso. El 11 de julio de 1971 apareció en el NY Times un reportaje sobre el golfista, ya retirado. Después de diez ataques al corazón, Mangrum luce sano y salvo”, narraba el titular. También mencionaba que a sus 56 años aparentaba tener diez menos. 

La leyenda del golf falleció en 1973 a los 59 años de edad. En 1998, 25 años después de su muerte, fue nombrado miembro del Salón de la Fama. Sin duda, un reconocimiento merecido para el golfista. Hoy nos queda su huella como profesional y persona capaz de mantenerse fría ante el hoyo y entre las líneas enemigas. 

Deporte y guerra, la extraña unión

Lloyd Mangrum y su vida marcada por el golf y la guerra no son el único ejemplo de deportistas que tuvieron que alistarse en las filas de un ejército. Al otro lado de la trinchera tenemos la historia de Bert Trautmann, que cambió su puesto de paracaidista de la Luftwaffe por el de portero en el Manchester City. El caso de Trautmann llegó incluso a la gran pantalla, con la película The Keeper.

De hecho, Mr Icicle, no fue el único golfista en las líneas enemigas durante la 2ª Guerra Mundial. Bobby Jones hizo lo propio, aunque después de su retirada. También Jack Fleck, por entonces de 22 años, que ganaría el US Open en 1955. Recuerdos de un tiempo pasado que no necesariamente nos parece mejor. La guerra no era una metáfora para las crónicas sino la desgraciada realidad que sacudía al mundo cada cierto tiempo. La vida es más cómoda desde la barrera que metido en la trinchera.

Siendo niño tuve la brillante idea de ser periodista. Y así me va. 

A pesar de los pesares aquí sigo. Intentando seguir las costumbres clásicas de la profesión. Véase consumir whisky y escribir sobre historias que normalmente no entran en la agenda setting. Odio la expresión “no lo verás en los medios”. ¿Dónde lo has leído entonces, ababol?