Los 'Jonroneros' de Hemingway

En 'El viejo y el mar', Hemingway hace referencia a dos de sus grandes amores: el béisbol y el mar. El protagonista, un pescador anciano, idolatra a Joe DiMaggio y se pregunta si estaría orgulloso de su última captura. Esta es la historia de cómo el Premio Nobel de Literatura de 1954 creó un equipo de béisbol infantil en la Cuba de los años 40.

Tres chicos juegan al béisbol en la Finca Vigía de Hemingway / Foto: John F. Kennedy Presidential Library and Museum.

En 1939, después de vivir la Guerra Civil Española entre la corresponsalía y la militancia republicana, Ernest Hemingway puso rumbo hacia Cuba. Allí alquiló una granja situada en una colina cerca de La Habana, una parcela que compraría un año más tarde junto a Marta Gellhorn, su tercera esposa y también reportera en la guerra. Aquella residencia, bautizada como Finca Vigía, sería el hogar de Hemingway durante veinte años.

Una de las fiestas en La Habana. / Foto: John F. Kennedy Presidential Library and Museum.

En Finca Vigía escribió Hemingway algunas de sus de sus mejores páginas: El viejo y el marA través del río y entre los árbolesParís era una fiestaIslas del Golfo, y buena parte de Por quién doblan las campanas, donde se sumerge en el conflicto español. “Yo siempre tuve buena suerte escribiendo en Cuba”, reconoció en cierta ocasión. Por aquel nido de las letras ubicado en San Francisco de Paula pasaron estrellas del cine como Spencer Tracy, Katharine Hepburn o Gary Cooper. De igual manera, también visitaron al escritor filósofos como Jean Paul Sartre. Incluso Norberto Fuentes, escritor y periodista cubano, cuenta que la mitológica Ava Gardner se bañaba desnuda en la piscina de Finca Vigía…

Hemingway se había separado en 1940 de Pauline Pfiffer, su segunda esposa, y vivía alejado de los dos hijos nacidos fruto de aquella relación, quienes residían en Estados Unidos. Patrick y Gregory, que por aquel entonces tenían 12 y 8 años, viajaron a Cuba para pasar el verano con su padre. Sin saber qué hacer con los dos chavales, el periodista dejó a un lado su carácter tosco y bohemio y salió a las calles de La Habana para reunir a un grupo de chavales que quisiera jugar al béisbol con sus hijos. Tuvo suerte: encontró a una docena lanzándose viejas pelotas en un descampado. 

El escritor llevó a los chicos a Finca Vigía, donde conocieron a Patrick y a Gigi, apodo con el que todos conocían al pequeño Gregory. Los niños entablaron amistad rápidamente, y a Ernest, que más bien parecía ser uno de ellos, le empezaron a llamar Papa Hemingway. En la parte trasera de la granja, el autor de Adiós a las armas construyó un pequeño campo de béisbol para que los chavales lanzasen y bateasen.

Ernest Hemingway y sus hijos Patrick (izquierda) y Gregory, juegan en Finca Vigía. Año 1946 / Foto: John F. Kennedy Presidential Library and Museum.

Vista la afición que compartían los jóvenes con el deporte que amaba, Hemingway decidió uniformarlos y crear un equipo de béisbol que compitiese durante aquel verano de 1940. Según pudo saber Joshua Robinson en un reportaje para el New York Times, después de muchas deliberaciones los niños eligieron nombre para el equipo: The Gigi Stars (Las estrellas de Gigi). En efecto, el hijo menor del escritor era el capitán. Una vez vestidos con camisetas de franela blanca y el nombre bordado en ellas, los chicos comenzaron a jugar los miércoles y los domingos. Montaban todos en el Chrysler de Papa Hemingway y salían al Club de Cazadores, donde el escritor solía tirar al plato con sus hijos.

Sin embargo, Gigi y Patrick crecieron y dejaron de visitar a su padre, afincado ya de forma permanente en La Habana. A partir de 1943, los dos integrantes estadounidenses de The Gigi Stars abandonaron el equipo, pero marcaron para siempre las vidas de los que fueran sus compañeros. Muchos años más tarde, Brian Gordon Sinclair, dramaturgo que llevó al teatro cantidad de obras de Hemingway, recuperó la historia de Óscar Blas Fernández, más conocido como Cayuco Jonronero (americanismo que define a quien consigue un Home-run), uno de aquellos chicos que formaron parte del equipo. También publicó un libro sobre esta historia René Villarreal, El hijo cubano de Hemingway, quien fue mayordomo y confidente personal del escritor en Finca Vigía. Las Estrellas de Gigi continúan reuniéndose para contar las viejas historias de Papa Hemingway. Nunca olvidaron lo que vivieron con el Premio Nobel de Literatura, pero el ya clásico escritor tampoco lo hizo. El amor de los chavales cubanos por el béisbol quedó, de alguna forma inmortalizado en el espíritu de El viejo y el mar.

Gigi Hemingway (izquierda), junto a René Villareal y otro integrante del equipo / Foto: José Goitia para The New York Times.

Me pidieron que me presentara, pero soy incapaz de abreviar. Dentro no hay mucho que contar; fuera, todo el mundo busca hablar.

Hubiera estado bien tener la elegancia de Federer, la plasticidad de Derrick Rose o la pluma de Jabois. Puestos a buscar las excelencias, la plata tampoco debe estar mal.