El dorsal que nunca podrá arrancarse

En 1967, el comisario del maratón de Boston intentó quitarle el dorsal a Kathrine Switzer en plena carrera al estar prohibida la inscripción de mujeres. Hoy ese dorsal representa el empoderamiento y el cambio social promovidos por el feminismo; una fuerza imparable.

La nieve que caía ese día en Boston convertía en gélida la fría mañana del tercer lunes de abril de 1967. Los participantes de la 70 edición del maratón más antiguo del mundo se agrupaban en la salida a la espera del pistoletazo que les hiciera tener una excusa para entrar en calor. Entre aquel grupo de hombres, se escondía una sorpresa que iba a suponer un hito para el mundo del maratón, una sorpresa con nombre propio: Kathrine Switzer.

La atleta estadounidense propuso al ayudante del entrenador del equipo de atletismo masculino de la Universidad de Siracusa, Arnie Briggs, correr el maratón que él presumía de haber corrido quince veces. La respuesta de Briggs –“Las mujeres no pueden correr el maratón de Boston”– fue la primera barrera que Switzer superó para convertirse en una leyenda.

Aprovechándose de algunos vacíos en las normas de la maratón de la capital de Massachusetts y animada por su entrenador y su novio, Switzer se presentó en la carrera con su icónico dorsal 261. A pesar de no ser reconocida en primera instancia, al empezar a correr, la prensa enseguida se dio cuenta de que era una mujer y comenzó a seguirla. La imagen que pasó a la historia vino a continuación, cuando Jock Semple, comisario del maratón, irrumpió en la carrera para embestirla al grito de “¡Sal de mi carrera y devuélveme el dorsal!”. El novio de la atleta y el propio Briggs, que se habían apuntado con ella, apartaron a Semple, de manera que Switzer pudo seguir, decidida a acabar la carrera costase lo que costase para demostrar que una mujer también podía hacerlo.

'Bobbi' Gibb llega a la meta sin dorsal en el maratón de Boston de 1966. | Imagen: Pinterest

Sin embargo, no fue la primera mujer en acabar un maratón. Ni siquiera fue la primera mujer en acabar el maratón de Boston de aquel año. Roberta ‘Bobbi’ Gibb completó el maratón de 1966 y el de 1967 (antes que Switzer) sin dorsal. Ambas corredoras fueron descalificadas al llegar a la meta y no pudieron cruzarla de manera legal hasta 1972, cuando se organizó el primer maratón de Boston en el que se permitió la participación de mujeres

Esta organización corrió por cuenta del histórico coordinador de la carrera, un viejo conocido de Switzer, Jock Semple, lo que supuso un reto para las mujeres, que superaron las expectativas del comisario, quedando en posiciones que lo sorprendieron gratamente. Al acabar el maratón de 1973, Semple se fotografió con Switzer como reconocimiento a las atletas femeninas y para lavar la lamentable imagen que había dejado años atrás al intentar quitarle el dorsal.

Switzer y Semple posan en el maratón de Boston de 1973. | Imagen: Pinterest

La figura de Switzer tomó forma, pasando a la historia por ser la primera mujer en completar un maratón de manera oficial, un paso hacia la igualdad en pleno movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. La corredora participó en la creación de un circuito de 400 carreras en 27 países para más de un millón de mujeres, un avance que supuso la base para la aceptación del maratón femenino como disciplina olímpica.

A pesar de los logros de su juventud, cuando quedó segunda del maratón de Boston femenino en 1975, habiendo ganado un año antes el de Nueva York, Switzer pasará a la historia por introducir a las mujeres en un mundo de hombres, en este caso, en el maratón. Cincuenta años después de su primera participación, completó el maratón de Boston con 69 años en sus piernas, acompañada por 13.698 mujeres, más de un 45% de los participantes totales. El dorsal 261, símbolo feminista que fue retirado del maratón de Boston en su honor, representa a una mujer empoderada que se deshizo de las cadenas mentales y los estigmas sociales para crear un camino único en la carrera por la igualdad.

Olímpico por tradición familiar, no por méritos propios, y enamorado del deporte (lástima que no sea recíproco). El creador me dio un ingenio que no suelo malgastar en cosas interesantes y una enfermedad por consultar el diccionario constantemente, por eso me gusta tanto escrivir. 

Piensa que, después de esto, el nivel solo puede ir en aumento.