La casualidad como desencadenante de la verdad

La historia de Bubba Wallace, aunque sucedida a raíz de una casualidad todavía inconclusa, revela que los Estados Unidos más reaccionarios siguen vivos incluso después del fin del mandato de Donald Trump.

El periodo entre 2016 y 2020 supone una de las etapas de mayor conflictividad social de los últimos tiempos en los Estados Unidos. De la mano del resto del mundo, sí, pero con una especie de Nerón contemporáneo a los mandos de la superpotencia. El pico de tensión, o eso suponíamos antes de que un grupo de manifestantes con banderas de Gadsen, símbolos confederados y algún individuo ataviado con pieles de cabra y cuernos asaltaran el capitolio, llegó en el verano de 2020. 

Bubba Wallace luciendo una camiseta de BLM. Imagen: Pinterest

El asesinato de George Floyd a manos de un policía en Minneapolis sacudió a todos los sectores de un país al límite. El deporte no fue una excepción. La NBA, con Stephen Jackson, ex jugador y amigo de Floyd a la cabeza, se echó a las calles.

Incluso la NFL, a quién se le achaca el caso de Colin Kaepernick desde hace años, hizo autocrítica. Y luego estaba la NASCAR, reducto de un público que hasta hace nada lucía la bandera confederada en los circuitos.

Supone traer de vuelta, si es que alguna vez se fue, un símbolo de otro tiempo. Su equivalente a nuestra bandera franquista, puede que con un trasfondo más oscuro si cabe. En este contexto tan hostil Bubba Wallace dio un paso adelante. El único piloto negro de la parrilla pintó dos manos, una negra y una blanca, sobre el capó de su coche, además de las siglas BLM (Black Lives Matters). La reivindicación de Wallace acaparó los focos en el circuito de Talladega, Alabama. La noticia, sin embargo, aguardaba escondida en los boxes

La efímera unión de la parrilla

Al día siguiente, una soga apareció colgada en el techo de su garaje. La parrilla se volcó con Bubba en una señal de apoyo sin precedentes. La imagen de los pilotos en la recta de meta arropando a su compañero era historia de la NASCAR. Y digo era porque todo se resolvió en unos días de la manera más inesperada. El informe de la competición concluyó que la soga llevaba colgada desde mediados de octubre de 2019, por lo que no iba dirigida expresamente al piloto

Si la soga provocó agitación, la respuesta no iba a ser menos. A rebufo de todo aquello se encontraba el entonces presidente de los Estados Unidos, propenso a agitar las redes y consciente del poder de su discurso. Trump instó a Wallace a disculparse con la parrilla y le culpó de los bajos datos de audiencia registrados en la prueba de Talladega. 

La venganza de Trump con el corredor no fue solo por el incidente de la soga, ya que también se mostró partidario de la decisión tomada por la NASCAR cuando prohibió la bandera confederada en las carreras unas semanas antes. Lo sucedido en Talladega fue una casualidad pero sacó a la luz el espíritu vengativo de los Estados Unidos profundos, reacios al cambio social. 

La reacción del entonces presidente actuó como una especie de efecto Streisand, mostrando la necesidad de prohibir la bandera por quién la enarbolaba. El asunto no debía quedar ahí. No era el primer debate, ni será el último sobre un símbolo, para algunos patrimonio de los estados del sur y para otros, enseña de la esclavitud. Tal vez sí el que más polvo ha levantado en el deporte en los últimos años.  

Pilotos, a sus puestos

Hubo un intento previo de eliminar la bandera confederada de los circuitos. Fue en 2015, a raíz de la matanza perpetrada por Dylan Roof en una iglesia de Charleston. David Neiwert cuenta en el libro ‘Alt-America’ que muchos espectadores se negaron, asegurando que no iban a ceder ante la “corrección política” de las instituciones, entonces con Obama en la Casa Blanca. 

El intento de 2020 previo a la carrera de Talladega será puesto a examen cuando las gradas vuelvan a llenarse del mismo modo que antes de la pandemia. El motor actuará de termómetro social para medir el cambio experimentado desde el verano del pasado año. Un proceso que es tan imposible como necesario a corto plazo. Lewis Hamilton, en la Fórmula 1, y Bubba Wallace en la NASCAR se sitúan en la pole para liderar la faceta social de un deporte más relacionado con el dinero, los pactos con grandes compañías y países del petróleo que con los derechos civiles. Si parpadean se lo van a perder. 

Siendo niño tuve la brillante idea de ser periodista. Y así me va. 

A pesar de los pesares aquí sigo. Intentando seguir las costumbres clásicas de la profesión. Véase consumir whisky y escribir sobre historias que normalmente no entran en la agenda setting. Odio la expresión “no lo verás en los medios”. ¿Dónde lo has leído entonces, ababol?