Tonya Harding y la crudeza del sueño americano

Conocida popularmente como una de las personas más odiadas de Estados Unidos, Tonya Harding tuvo que luchar dentro y fuera de la pista de hielo, pero su mayor arma, la ambición, se la tragó. Su carrera terminó al ser relacionada con el ataque que sufrió Nancy Kerrigan, su mayor rival.

Es difícil definir dónde comienzan y dónde acaban las historias cuando se tiene en cuenta el origen y la repercusión. La historia de esta imagen es tan polémica y mediática que se convirtió en objeto de estudio, al igual que su protagonista: Tonya Harding.

El patinaje sobre hielo ocupa, en el imaginario colectivo, uno de los primeros lugares entre los deportes más exigentes, combinando sutileza y disciplina. Harding no nació con ninguna de estas dos características. La segunda la adquirió a base del maltrato físico y psicológico que recibía por parte de su madre; la primera, a partir de la segunda. Tampoco cumplía con los requisitos de apariencia y actitud angelicales que, por aquella época, primaban en el patinaje. El abandono de los estudios en el instituto y el matrimonio a los 19 años con un hombre que la maltrataba lo mismo que su madre no ayudó a mejorar estas facetas.

Sin embargo, Harding logró estar entre las mejores patinadoras de Estados Unidos y del mundo a base de trabajo. Se convirtió, en 1991, en la primera mujer americana y la segunda en todo el mundo en completar un triple axel, salto que le valió un oro en el Campeonato de Estados Unidos, una plata en el Mundial y el reconocimiento del mundo del patinaje. No obstante, su leyenda terminó de agrandarse en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1992, donde quedó cuarta al no completar el único triple axel que intentó, el que podría haberla convertido en la primera mujer en hacerlo en unos Juegos Olímpicos.

Tonya Harding realizando un triple axel para conseguir el oro en su actuación en el Campeonato de Estados Unidos de 1991 | Fuente: Pinterest

Después de una época apartada de la pista de patinaje, Tonya Harding volvió para intentar clasificarse para los Juegos de 1994 en Lillehammer, solo dos años después de los anteriores, una excepción llevada a cabo saltándose el ciclo olímpico para no hacerlos coincidir con los Juegos de Verano.

El 6 de enero de 1994, durante la preparación del Campeonato de Estados Unidos, Nancy Kerrigan, que partía como favorita luchando por revalidar el título y por mejorar su bronce en los anteriores Juegos, fue atacada por un hombre a la salida de un entrenamiento. La patinadora cayó lesionada y Harding ganó el Campeonato y la plaza para Lillehammer. Sin embargo, la investigación llevó al exmarido de Harding, Jeff Gillooly, a ser detenido por orquestar el ataque contra Kerrigan. La noticia tuvo mucha repercusión en Estados Unidos y puso los Juegos de Lillehammer en el punto de mira mediático, donde se enfrentarían Harding y la ya recuperada Kerrigan.

En mitad de su actuación durante los Juegos, Tonya Harding se paró y, superada por la situación, se echó a llorar. Inmediatamente, se acercó a la mesa de los jueces para enseñarles el estado del cordón de su patín, que se había roto poco antes salir, dejando una escena surrealista que pasó a la historia. Una excusa que le valió para repetir la actuación, pero que conmocionó a la audiencia, consciente de lo que podía haber detrás de aquellas lágrimas. A pesar de terminar sin problemas, quedó en octavo lugar, mientras que Kerrigan se llevó la plata.

En pleno escándalo, Tonya Harding y Nancy Kerrigan entrenan juntas para el equipo americano durante los Juegos de Invierno de 1994 | Imagen: Pinterest

La sentencia de culpabilidad de Tonya Harding por obstrucción a la justicia al ser consciente de lo ocurrido y ocultarlo terminó de condenarla como uno de los personajes más odiados en Estados Unidos, poniendo fin a uno de los mayores escándalos en la historia deportiva estadounidense. Además de la multa, a Harding se le retiró el oro del último Campeonato Nacional y fue suspendida de por vida por la Asociación de Patinaje Artístico de los Estados Unidos.

Harding aprovechó su tirón mediático para ganarse la vida como boxeadora, rodando alguna película de bajo presupuesto y apareciendo en Bailando con las estrellas. Sin embargo, en el imaginario colectivo queda el concepto de una mujer que contrató a matones para quitarse de en medio a su máxima rival, un hecho para la historia que ha quedado inmortalizado con menciones en canciones, series, películas o documentales. La más reciente y quizás la más exitosa al ser nominada a tres Oscars y ganar uno es I, Tonya, una película biográfica basada en entrevistas con los protagonistas de la historia y protagonizada por Margot Robbie.

Margot Robbie, encarnando a Tonya Harding, representa la escena de la conversación con los jueces | Imagen: Pinterest

Harding contribuyó, a través de este episodio, al boom del patinaje sobre hielo, con mejor o peor motivo, pero no pudo aprovecharse de él. Alguien dijo una vez que es “la historia más estadounidense jamás contada” y probablemente así sea. Una historia lamentable que la educación narra con los ojos tapados y la boca pequeña, el mayor exponente de una cultura que te empuja a destacar por encima de todos y de todo cueste lo que cueste. Una historia protagonizada por alguien que lo dejó todo para perseguir sus sueños, que pasó de saltar rompiendo las reglas a saltarse las normas y que acabó viviendo una pesadilla, sin poder dedicarse a lo único que sabía hacer. Un verdugo que nunca dejó de ser víctima.

Olímpico por tradición familiar, no por méritos propios, y enamorado del deporte (lástima que no sea recíproco). El creador me dio un ingenio que no suelo malgastar en cosas interesantes y una enfermedad por consultar el diccionario constantemente, por eso me gusta tanto escrivir. 

Piensa que, después de esto, el nivel solo puede ir en aumento.